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Los recorridos “Pilonescos”.

Sábado, 27 Enero 2018 19:36 Publicado por en Historia de México

Tepeapulco, Hidalgo. La Diosa del agua.

Antes que nada, les recomiendo checar las fotos en la la pestaña de imágenes en la parte superior de este artículo...

En mis andanzas por gran parte de la república he aprendido a admirar muchos de los componentes de los lugares que he visitado, a veces en gran medida y otras no tanto, mis demonios se hallan en franca lucha con esos molestos ángeles (¿o es al revés?) y dependiendo los humores que se carguen es como me sale el espíritu de la curiosidad.

Hoy es uno de esos días en que no me he dejado tentar y por lo mismo he querido conocer una joya arquitectónica, parecidas a las que hay en mis terruños, un Ex Convento Franciscano. Pero en este caso, la construcción ha llevado más vida que la propia palabra del señor y es que es hermoso acueducto, de esos que poblaron el sediento centro del país.

Ahora es un sitio para el turista o el estudioso de la historia y es que Tepeapulco tiene sus orígenes en el siglo XVI y es en respuesta al crecimientos de las cientos de haciendas que se fueron edificando y su consabido traslado de naturales a estas áridas regiones. Muchos de esos locales vivían a las orillas de jagüeyes y aljibes que no eran sucios surtidores en su concepción inicial. Lógicamente, con la explosión demográfica y la transportación de animales de carga, esos manantiales se contaminaron.

Pero regresemos al pretexto inicial de este comentario viajero y para mejores señas, les transcribo lo que se lee a la entrada principal:

“El acueducto fue construido por los franciscanos y los naturales de 1541 a 1545 con el fin de suministrar el vital líquido a la población, la cual, con el agua de jagüeyes o aljibes resentía lo sucio y encenegado de los mismos y habían padecido graves enfermedades. Este acueducto surge en los manantiales de la Hacienda de Alcantarilla y en su trayecto abastece a varias poblaciones como Santa Cruz, Vista Hermosa, Tultengo y San Jerónimo.

La cala surtidora de agua sobresale artísticamente por la conjugación de técnicas y estilos europeos de influencia mudéjar y tequitqui, y la mano de obra de los naturales, en donde destaca como dejaron plasmado en las esculturas que rematan el surtidor, figuras labradas como ases de trigo, hojas de vid o de parra, hojas de milpa estilizadas, al lado de escudos heráldicos de España y en conjunto con dos figuras con cornamentas, leones en bajo relieve con influencia mudéjar y representativas del estado español.

Cabe resaltar, la leyenda tallada por dentro y por fuera de las cornisas: Llegó por agua la Fé verdadera y el inmaculado dios, era emperador de España, el tlatuhani Carlos V y arquibisorey don Antonio de Mendoza, aquí en Tepeapulco, era gobernador don Diego Velásquez y dispusieron las 3 aguas, su comunidad para la gente de Tepeapulco y el cultivo de las tierras patrimoniales.”

Ese es el comunicado que dan los nuevos gobiernos a este tipo de obras coloniales y que se han adaptado a otros giros más culturales y es que en el sitio se ha montado un museo de sitio y en él podemos ver piezas precolombinas, de las etnias que poblaron la zona y en todas ellas podemos observar la gran maestría que tenían para trabajar la piedra y de ésta, sacar verdaderas bellezas que nos hablan de la cosmogonía en la que vivían sus sueños y ambiciones.

Aparte que se ven utensilios del diario convivir, joyas y artefactos que persisten el desgastante paso del tiempo, y vaya que lo hacen con una gran resistencia. Todas las esculturas se posan orgullosas dentro de sus vitrinas transparentes, dejando ver un pasado que agoniza y sólo se ve como un medio decorativo y ni así es aceptado por la mezquina mezcla de sangre, donde todos quieren ser blancos, altos o barbados.

Pero dejemos atrás esas ideas pseudo extremas, los conmino a que se den una vuelta por ese estado vecino y disfruten de lo chingón de la piedra mutada…

Con información y fotografías de Ricardo "Pilón" Martínez Castillo

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Autor

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza. 

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