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Una genialidad hecha paranoia, una persona perseguida física, mental y espiritualmente; acabando, como en los viejos tiempos, desterrado de su nación...
Miércoles, 14 Octubre 2015 00:00 Publicado por en Deportes

Bobby Fisher, genio de locura en el Ajedrez

Cuando la paranoia se vuelve genialidad, es un síntoma que pocos pueden presumir de ser y tener; la locura es una de las más bellas manifestaciones de sinceridad y honestidad, así redundando con pleonasmos necesarios para describir al verdadero Homo Sapiens. La delgada línea se tiene que romper algún y regresar al estado puro de conciencia y de conducta, pudiéndose mantener ciertos apegos sociales y civilizados; a lo largo de la historia humana ha habido seres que destacan por su increíble condición de desapego, de desprecio por sus pares, pero no por sus habilidades e ingenio artístico. En todas las ramas de la vida laboral hay genios, incomprendidos y tildados de locos, dicho esto como lo más suave que se le puede calificar.
 
En los deportes también y más en aquellos que son practicados de manera pensante, el ajedrez por ejemplo y de él, hubo una persona que tenía todo para crear un record imbatible y longevo. Es de ahí que podemos citar a Robert Fisher, el Bobby, norteamericano desatado y reprimido a la vez; enemigo de judíos, como una contradicción de genética ya que sus padres lo eran. Perseguido por fantasmas reales del gobierno y una persona hipersensible, capaz de captar las ondas hertzianas y otras provenientes del espacio físico y el que no lo es.
 
 
Su inteligencia estaba arriba del promedio histórico, solo que la encaminaba a su pasión por los casquetes, lo cual lo convertía en un gran estratega militar y un despiadado ejecutor; porque eso es el ajedrez, un campo militar de grandes hazañas guerreras, a la vez también es un marco para destruir de forma sistemática al enemigo sin compasión, utilizando todas las herramientas posibles, incluyendo a las mujeres y animales. La violación que corre por sus cuadros son permitidos y aplaudidos por quienes manejan los hilos, se goza con esa matanza despiadada, así como se sufre con la misma. Fisher, como todos los ajedrecistas, va varios pasos adelante, algunos son hechos, otros son meras suposiciones que pueden surgir de la otra mente y es así como radica el verdadero poder de quienes dirigen sus tropas imaginarias.
 
Fuerzas colosales chocan, mandando ondas cerebrales que solo afectan al de enfrente, batallas que se crean en la imaginación, pero que son reales, ya que buscan desolar el campo contrario, sin importar si desuellan a todo aquel que se ponga enfrente, la masacre debe ser imparable y esto ha provocado que las neuronas de los generales, de esos que manejan los hilos, empiecen a sentir pasos en sus pensamientos y las paranoias están a la orden del día. Fisher fue un genio introvertido, que no servía para tener relaciones sociales y eso fue su muerte, en todos los sentidos. Poco a poco fue deteriorando su cerebro, el cual le empezó a cobrar factura, trayendo a la realidad sus peores pesadillas, convirtiéndolo en un energúmeno, un misántropo de cepa, odiando a todos y creyendo que todas la vibras se materializaban en su contra.
 
Veía corrientes eléctricas, escuchaba a los átomos, susurrando que él era el enemigo, el complot de gobiernos y razas; de un cuento imaginario, tristemente, pasa a una feroz persecución, que lidera su propio gobierno, quitándole la ciudadanía, solo porque al tipo se le ocurre jugar (¡por fin! Después de 20 años) contra su némesis soviético, Boris Spaski en territorio yugoslavo, por allá de los noventas, cuando dicha nación se desgarraba en una guerra civil y emitiendo una orden de aprehensión entre sus socios de rapiña (OTAN) y lo estuvieron cazando por varios años, hasta que los japoneses lo atrapan en su territorio y de la nada surge la nación que lo había aclamado cuando el tipo era el máximo ídolo de un deporte que parece aburrido y que solo gozan los entendidos.
 
 
Islandia, esa isla norteña de Europa, que desafiando al establishment, una y otra vez, lo acoge como uno de los suyos, proporcionándole la nacionalidad para que pueda refugiarse de sus demonios espirituales y físicos. Aun ahí, Bobby Fisher siguió clamando porque le devolvieran su dignidad y secretos, que regresaran sus libros y reforzando las teorías de conspiración (que lo estaba del todo errado), pero su genialidad ya lo había hecho traspasar esa delgada línea y se comunicaba en otra dimensión, con seres de apartados lugares, y quizás ellos lo guiaban por el tablero, quizás lo hicieron escribir el libro de ajedrez más vendido de toda la historia y quizás ellos lo elevaron a un podio que millones de nosotros, por la historia, nunca lo alcanzaremos…
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Autor

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza. 

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