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Algunos de los protagonistas de los relatos populares no comieron perdices al final de la historia. O, para comerlas, tuvieron que atragantarse varias veces. Así eran los desenlaces originales de la Cenicienta, Caperucita y la Bella Durmiente

Martes, 12 Enero 2016 14:19 Publicado por en Literatura

Charles Perrault, cuentos crueles que Disney convirtió en historias felices

[yee_row column-size="md-column" boxed_layout="yee-container-fluid" padding_layout="" style_detail="" theme_options="flattern" border_color="" border="none" background_image_options="none" background_image="" background_color_options="none" background_color="" responsive_column_reset="no" vacolumns="top" ex_class="" id="" visiable="1"][yee_column width="1/1" ors="" column-size="md-column" xs-column="0" xs-hidden="" sm-column="0" sm-hidden="" md-column="0" md-hidden="" lg-column="0" lg-hidden="" hidden-print="visiable" background_image="" background_color="" ex_class="" visiable="1"][yee_text_block css_animation="no" ex_class="" style_detail="" yee-widget-theme="default" border_color="" border="none" visiable="1"]{textblock_content}<p><strong>Charles Perrault</strong>&nbsp;vino al mundo en el año 273 a.WD (antes de Walt Disney). Aquel 12 de enero de 1628, una mujer dio a luz gemelos en Paría. Solo uno consiguió sobrevivir. Hijo de un matrimonio burgués acomodado, se crió entre algodones y se formó en leyes y en lenguas muertas. Vivió 75 confortables años&nbsp;-funcionario de profesión y escritor de vocación-&nbsp;y, a&nbsp;pesar de haber sido&nbsp;miembro de la Academia Francesa&nbsp;y rostro conocido de la corte de Luis XIV, casi no pasa a la historia.</p> <p>Lo hizo por los pelos. Seis años antes de morir,&nbsp;Charles Perrault&nbsp;publicó un breve&nbsp;volumen de cuentos&nbsp;-Historias o cuentos de antaño, más conocidos como&nbsp;<strong>Cuentos de mamá ganso</strong>&nbsp;por el dibujo que ilustraba su cubierta-&nbsp;que sentarían los cimientos de la literatura&nbsp;infantil actual. Puso sobre el papel, con la firma de su hijo, ocho relatos orales,&nbsp;historias crueles y bizarras&nbsp;de héroes zarandeados&nbsp;por mil contrariedades que, finalmente, alcanzan la felicidad. Y los hizo leer en voz alta en Versalles.</p> <p>Las&nbsp;historias de&nbsp;Charles Perrault&nbsp;fueron discutidas en asambleas literarias, sembró en los más pequeños el deseo de alcanzar la dicha, de superar los contratiempos, de temer al mal.&nbsp;Después llegó&nbsp;Disney, recuperó&nbsp;sus narraciones más crudas -y&nbsp;las de los Hermanos Grimm&nbsp;y las de&nbsp;Hans Christian Andersen- y, tras decidir que no eran aptas para todos los públicos,&nbsp;las barnizó con una capa doble de azúcar.&nbsp;Charles Perrault imaginó el zapato de cristal de la Cenicienta, la rueca de la Bella Durmiente, el lobo de Caperucita. Pero sus historias no son como el lector siempre ha creído&nbsp;que son.</p> <p>Inauguró, eso sí, la literatura escrita para niños. Y le dio un enfoque ético.&nbsp;Charles Perrault&nbsp;discurrió moralejas&nbsp;en verso&nbsp;que apuntó al final de cada cuento, algunas dirigidas a los ojos infantiles y otras, cargadas de ironía, a los del adulto,&nbsp;y, a través de sus relatos, el lector puede hacerse una&nbsp;idea bastante fiel de cómo funcionaba la sociedad en el&nbsp;Antiguo Régimen:&nbsp;la&nbsp;desigualdad entre poderosos y humildes, la servidumbre y la pompa de los&nbsp;banquetes de la corte&nbsp;(La Cenicienta), el derecho a la primogenitura o la miseria del campo (Pulgarcito). De la misma manera, a través de las versiones de los Hermanos Grimm,&nbsp;podemos imaginarnos&nbsp;el mundo del siglo XIX.&nbsp;Los relatos infantiles pasaron&nbsp;dos siglos después de&nbsp;Charles Perrault&nbsp;a hablar de&nbsp;mujeres sumisas, a la espera de hombres listos y fuertes que les salvan la vida.&nbsp;Caperucita Roja&nbsp;es el mejor ejemplo de cómo cambiaron las cosas durante esos 200 años.&nbsp;</p> <p><img alt="" src="/images/caperucita.jpg" style="float:left; height:424px; margin:10px; width:300px">En la&nbsp;versión de&nbsp;Charles Perrault,<strong>&nbsp;Caperucita se mete desnuda en la cama del lobo</strong>&nbsp;y el animal acaba comiéndosela. Los hermanos alemanes optaron por introducir en la trama algo de tela -la protagonista del cuento no está en cueros en ningún momento y el mamífero se enfunda en el camisón de la abuelita-,&nbsp;un fortachón -el cazador- que aparece justo en el momento adecuado para salvar a la niña incauta y un final feliz. Como cangrejos, en lugar de evolucionar, caminamos a partir de entonces hacia atrás.&nbsp;Todo lo políticamente incorrecto fue silenciado&nbsp;y, a principios del siglo XX, floreció incluso una corriente que, rozando lo absurdo, suavizó a los malos, convirtió en colegas a protagonistas y antagonistas, y&nbsp;suprimió las escenas más desalmadas. Los niños&nbsp;dejaron de ser abandonados;&nbsp;las madrastras, de ser&nbsp;malvadas; los ogros se convirtieron en tiernos y afables. No duró mucho. Los cuentos acabaron encontrando un término medio, más blando que duro, estereotipado y tradicional, un perfil que responde a la idea que hoy todo lector se forma en su cabeza cuando le hablan&nbsp;de una carroza y un zapato de cristal, de una rueca y cien años de sueño o de un minúsculo niño que marca el camino de vuelta a casa con migas de pan. Pero,&nbsp;<strong>¿cómo eran las versiones originales de&nbsp;Charles Perrault, Andersen y los hermanos Grimm?</strong></p> <p><img alt="" src="/images/cenicienta.jpg" style="height:601px; width:650px"></p> <p>Cenicienta, por ejemplo. Al&nbsp;señor Walt Disney&nbsp;la historia original de&nbsp;los hermanos alemanes debió parecerle algo sádica y prefirió, por tanto, omitir la parte en la que la madrastra&nbsp;ordena a sus dos hijas -que hoy conocemos como&nbsp;Drizella y&nbsp;Anastasia- que se&nbsp;corten dos dedos de los pies y el talón&nbsp;para poder calzarse el dichoso y frágil&nbsp;zapato al que el príncipe busca dueña. También se saltó&nbsp;el párrafo final, en el que se explica cómo las malvadas hermanastras «son&nbsp;picadas en los ojos por palomas, que las dejan ciegas&nbsp;en castigo por su maldad».&nbsp;En una versión anterior a la deCharles&nbsp;Perrault,&nbsp;La Gata Cenicienta&nbsp;de&nbsp;Giambattista Basile, a falta de una madrastra ruin, hay doble ración. Una convence a la otra para matar a la pobre Cenicienta, que perece con el cuello roto.</p> <p><img alt="" src="/images/bella-durmiente.jpg" style="float:left; height:729px; width:750px">La historia de Aurora, protagonista de&nbsp;La Bella Durmiente, continúa en&nbsp;el cuento de&nbsp;Charles&nbsp;Perrault&nbsp;más allá de su boda&nbsp;con el príncipe que la despierta, con un beso, de su larguísima siesta. Tiene dos hijos y el apuesto galán acaba abandonándola. ¿La razón? Tiene miedo a su propia madre. Cuando al fin se atreve a presentarles a su esposa y sus dos jóvenes vástagos, la reina madre no se lo toma nada bien y, en esta ideal situación, al chico no se le ocurra otra cosa que largarse de palacio y dejar a su mujer sola con su suegra. Durante su ausencia, su madre -que, al parecer, tenía tendencias caníbales-&nbsp;ordena&nbsp;cocinar a los dos pequeños para zampárselos, pero el héroe llega a tiempo de salvarlos y la malvada antagonista del relato acaba&nbsp;suicidándose en la olla&nbsp;preparada para guisar a los chiquillos.</p> <p>Hay todavía&nbsp;una interpretación más truculenta que la de&nbsp;Charles Perrault, la de Basile. El enamorado de galán tiene poco.&nbsp;Viola a la princesa mientras duerme y&nbsp;la deja embarazada. La bella da a luz -durmiendo a pierna suelta- a dos niños. Y es uno de los pequeños el que, chupándole&nbsp;el dedo a su madre,&nbsp;le saca la astilla envenenada que la&nbsp;había sumido en su prolongado coma&nbsp;y la hace despertar. Y hay otra mujer. La esposa del príncipe que, al enterarse de su cornamenta trata de matar a la durmiente, empujándola hacia un pozo lleno de animales venenosos con tan mala suerte que es ella quien tropieza y acaba cayendo directamente en sus fauces. Puro drama.</p> <p>fuente:&nbsp;lavozdegalicia.es</p> <p>&nbsp;</p> <p>&nbsp;</p> {/textblock_content}[/yee_text_block][/yee_column][/yee_row]
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Autor

Ocioltura

Ateo y loco de nacimiento, creativo en profesión y programador por accidente, fanático de las películas de terror, sociopata musical de Armando Palomas e Iván García, de reciente manufactura en el mundo de la fotografía.

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