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Porque la revisión de la literatura nunca dejara de ser un ejercicio necesario...

Jueves, 28 Septiembre 2017 18:57 Publicado por en Literatura

Descripción de la pedofilia y pederasta en Crimen y Castigo de Dostoievski

Directo a lo que te truje chencha:

“…en efecto, yo soy un hombre triste y desagradable. ¿Usted cree que soy alegre? Desengáñese, tengo muy mal humor; soy incapaz de hacerle mal a nadie, pero hay veces que estoy tres días seguidos metido en un rincón sin decirle una palabra a nadie. Además, esa bribona de Resslich lleva su idea; cuenta con que pronto me cansare de mi mujer, que la dejare plantada,  y entonces ella se encargara de explotarla. Por ella me he enterado de que el padre, antiguo funcionario, está enfermo; desde hace tres años está imposibilitado de las piernas y no puede levantarse del sillón; la madre es una señora muy inteligente; el hijo está empleado en provincias y no les ayuda a sus padres; la hija mayor está casada y no saben nada de ella. Las pobres gentes  mantienen a sus dos sobrinitos de poca edad; la más pequeña de las hijas ha tenido que abandonar sus estudios en el gimnasio antes de terminarlos; cumplirá dieciséis  años dentro de un mes y ésta es la que me destinan…”

“…la joven se presentó con un vestido corto y me saludó más encendida que una amapola…debieron de enseñarle la lección. Ignoro sus gustos en materia de rostros femeninos, pero, en mi opinión, esos dieciséis años, esos ojos infantiles todavía, aquella timidez, aquellas lagrimitas, todo eso tiene más encantos que la belleza; además, la chiquilla, estaba muy bonita con sus cabellos rubios, sus caprichosos ricillos, sus labios purpurinos y ligeramente abultados, sus piececitos…”

“…He hablado dos veces con ella y veo que la chiquilla no es tonta del todo; tiene una manera de mirar de reojo que me enciende…”

“…El escuchar de un angelito de dieciséis años una declaración así, con lágrimas en los ojos, no me dirá usted que no es algo delicioso…”

Los clásicos rusos son indispensables para entender la literatura humana, son humanistas, demasiados humanos, parafraseando a ese alemán fundamental. Creo que en el siglo XIX se sentía el cambio que ya estaba por arrollar Europa y por eso las necesidades sociales y emocionales necesitaban de ingeniosos portavoces cercanos al sufrido pueblo.

No es ningún secreto que la pedofilia y pederastia ya eran denunciados desde siglos atrás, sobre todo en los círculos religiosos, pero precisamente, al ser personajes poderosos no se encontraba eco y castigo para esos seres. Ahora imaginen esas denuncias para gente perteneciente a la realeza, aristocracia, nobleza y burgueses. Debía ser demasiado obvio y chocante, su crimen, para que hubiera alguna autoridad que interviniera; cosa que, casi nunca sucedía.

Ahora bien, las líneas de arriba, que tienen más palabras en ese sórdido monologo que le da Svidrigailov al protagonista, Rodion Romanovich (Raskolnikov); son parte de un desmenuzamiento de la sociedad de esa época. Todo, mientras tuvieras rublos, era permitido: matrimonios arreglados con menores de edad, con el consentimiento de la ley y la iglesia; acosar y acostarse con mujeres que estaban al servicio de la casa; apostar cualquier cantidad por un motivo frívolo, incluso, si lo quieren ver muy superficial, matar a una prestamista.

Ya Dostoievski escribía del ambiente y furia que se estaba apoderando de los rusos, pueblo pisoteado y oprimido hasta la saciedad, cosa que supo aprovechar el nunca olvidado Lenin. La gran madre Rusia estaba sentada en un polvorín que solo requería que alguien tomara la mecha y la encendiera sin miramientos.

Claro que eso no justificaba que se cometieran esos peligrosos delitos de violación para con menores de edad, porque aunque hubiera un permiso de los padres, esa asfixiante moral de la ortodoxia y cristianismo de la época, debería haber reaccionado a las bajas pasiones de poderosos varones, pero como ellos mismos jugaban, no podían permitirse acción contraria a sus deseos.

Si el escritor tenía esas pasiones, no podría asegurarlo, pero te habla del conocimiento que si poseía por esas “anécdotas” sociales. También hay que reconocer que la maestría de su pluma te hace sentir asco por esa descripción tan detallada, de una niña de 16 años, que a pesar de su inocencia, sabe hacia donde la están empujando y ya está “educada” a aceptar ese miserable destino.

Muchos pudieran decir, que así escribía Fiódor, así relataba a una jovencita sentada sobre las rodillas de una persona de 50 años y que no es la parte medular de la crónica (se escribió en 12 partes para un periódico), porque se hizo novela después de su parto; el crimen está en presente en todos los personajes de esta monumental obra. Todos son culpables, sin dudarlo, como ocurre en la realidad.

Es así, con menos de una página completa, el literato compone toda una oda ejemplar para esos hombres que gustan de liberar sus recónditos instintos. Una evocación de lo que sucede en todas la ciudades, en todos los poblados y no me salgan que solo en ciertos países. En todas las latitudes  se cuecen habas, por tomar una muletilla cotidiana. El deseo carnal por una persona menor es mayor, no queremos reconocerlo, pero con las reglas establecidas, se ve bien que sea un hombre quien pueda hacer eso, pero no una mujer y no se trata de una cuestión de género, se trata una cuestión de madurez, no porque seamos animales debemos dejarnos ir tan fácil. Aun con ese argumento, la preparación de un cuerpo y mente humana, viene con una cuestión de inteligencia y comprensión, no con una estúpida y rustica violación de derechos y carne…

Y recuerden:

“Es mejor equivocarse siguiendo tú propio camino que tener razón siguiendo el camino de otro”

Fiódor Dostoievski

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Autor

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza. 

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