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Dedicada a los años idos...

Jueves, 23 Noviembre 2017 19:18 Publicado por en Literatura

La carta de amor, para el amor, escrita con dejo de desamor…

Esta es una carta que no tiene una dirección en concreto, no una como las conocemos, no en una referencia física. No, más bien va dirigida a un espacio metafísico, uno que tuvo disposición para mi presencia, y  me probo que el sino existe, que el infinito se vuelve finito.

Pero sabes, en este soliloquio, monologo o como quieras llamarle, eres la protagonista principal. Más no preguntes que tipo de argumento sea, drama, ficción, terror o romance. Esa última palabra vive tiempos vilipendiados, pero en nuestro lapso, ese lapso que confirmo las teorías de Einstein y nos dijo que el tiempo no existe, que se vuelve abismal; y nos paralizo en un jugueteo de almas, en esas acciones, el romance floreció.

¿Cursilería? Antes de ti ni siquiera sabía conjugar ese verbo, es más, no existía en mi léxico. Es por eso que ahora escribo estas palabras, que dedico mi pueril y pobre prosa a un agradecimiento. Decirte que abrirte mi corazón no sería honesto, porque siempre lo he hecho, y aunque en esos sentimientos de furia e incertidumbre aniden en tú corazón, debes de admitir que me desnude frente a ti, sin tapujos o vergüenzas. No había ropa, piel o escudo frente a ti. Yo, sólo yo, temblando como niño, pero más adulto de lo que  tú veías o creías.

Secretos no convivían con nosotros, nunca dije nunca, el discurso es honesto sin falsedades que nos entretuvieran o peor aún, que nos encadenaran a una presencia ausente. Bien que lo sabes, no hay oscuridad en la palabras, sólo existe en mi alma, ya que la partida me parte la madre, me arroja a una normalidad que nunca he querido, eso bien que lo sabes.

Tranquila, no son reclamos, sólo son espasmos de sinceridad, nostalgia y melancolía por tú mirada. Creo que tengo derecho a expresarme, a sacar los sentimientos, a que luzcan tal como son. No son desahogos, porque no me ahogue contigo en un mar de hiel, más bien era bucear en profundidades de descubrimiento y no porque fuera un niño, tampoco soy un adulto declarado, pero me gustaba ir escribiendo en la tersura de tú piel. Y es que creía que nuestra historia sería como esas Canciones de Fuego y Hielo, donde la trama sigue redactándose y parece que nunca tendrá un final y si lo tiene, nadie apostaría por un cierre feliz.

Esa es la historia de todos, ambigüedad al termino del hilo de la vida, pero que carajos, porque no intentarlo, porque no estirar la liga y ver cuando se reventara, ya fuera en maldiciones o bendiciones.

¿Garantía de no llorar o depresión? Nunca lo sabrás, quizás has sido testigo, pero no estos momentos. ¿Garantía de machismo y mentadas de madre? Tampoco, somos lo que traemos en la sangre, lo que anida en el intelecto y subconsciente, pero consiente estoy de mis decisiones y tú eres uno de esos bellísimos errores, que nunca querré componer, porque sólo tú presencia me levantaba en vilo y me llevaba a bailar con el cosmos, ese que discurrimos en diferentes habitaciones de la mente.

¿Qué más puedo decirte? ¿O pedirte?, nada, la absoluta nada se ha vuelto la total certeza. Certeza de amarte, de querer retener y aprehenderte entre mis brazos, pero eso hubiera sido una dulce contradicción, pero fatal en extremo. Decimos que daríamos la vida por el ser amado, en mi caso la he dado sin pestañear, sin temor a equivocarme, la razón ya sabes cuál es.

Decir que me despido con estas líneas es hipocresía, porque de una forma u otra sabes que ahí estaré como vil polvo espacial.

Te amo…

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Autor

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza. 

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