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 De la enferma mente de su servidor, salen estos disparates, pero también sirve de desahogo...
Domingo, 27 Noviembre 2016 11:50 Publicado por en Arte urbano en Puebla

Un cuento para dormir, Bang Bang

Bang bang, calor un chingo de calor, la metralleta no deja de accionarse, estruendo de todo, todo cae, todo se rompe, todos esquivan o eso creen que hacen. Casquillos regados por todo el piso, parecen pequeños souvenirs de una guerra clandestina, de una guerra legal.
 

-          Puta madre, esto es el infierno, no sé cuándo parar, ni idea de que vaya a pasar después. Ya me imagino los titulares, masacre, tiroteo y demás sinónimos.

 

Esquirlas improvisadas por los disparos van de un lado a otro, penetrando, rasgando piel, madera, concreto, plástico y más materiales sintéticos que ahora existen. Cuerpos de un lado, del otro, engarrotados por el miedo, y otros que de plano ya no se aparecerán en la vida de sus familiares, si es que tienen.

 

-          ¿Banalización de la violencia? Puta, se ve que nunca ha estado en un sitio como este, ni siquiera se imaginan los pinches motivos que hay detrás de todo. Se quejan de la violencia como si no existiera y fuera el principal culpable de todas las fallas de este caduco sistema. Si el nacer en sí es un acto violento, la muerte, esa que llaman natural, puede parecer más apacible y con menos pedos.

 

Ruido por todos lados, chocan por aquí y por allá, diferentes artefactos, sean de carne o no. La metralleta sigue desparramando su mierda, los balazos cruzan de un límite a otro; no paran los gritos y eso que la misión ya se cumplió, pero el justificante se volvió placer.

 

-          Cultura de la muerte mis huevos, siempre nos estamos deshaciendo de todo, objetos materiales, animales, fauna, la vida misma. Malditas las autoridades que buscan pretextos, que quieren poner adjetivos a lo que no comprenden, a lo que no intentan solucionar.

 

Los líquidos vitales empiezan a formar charcos, salpicando paredes, ventanas y el techo. Nadie extrañara que corazón bombeaba y otorgaba aliento vital. En la calle, los coches se retiran sin sus conductores, aumentan el caos y provocan más problemas que soluciones. Los fierros mismos se han animado en automático y olvidan que tienen un necesario complemento, pero eso ya no importa, no llevaran y ni llegaran a sus respectivas casas.

 

-          La mano ya se me canso, neta que no sé qué pedo.

 

El humo ha creado una cortina, tiene cierta densidad que solo se ve eliminada por el fuego que escupen las bocas de los cañones; las siluetas se ven recortadas, una tenue visión de las caras, de los cuerpos. En un momento dado, no se sabe quién es quién, los bandos se confunden en esa tela blanquizca.

 

-          Mierda, tengo hambre, ni siquiera sé por qué ha pasado, no se los nombres de unos o de los otros, mi cogote tiene sed, pero es más la jaria. Curioso, entre tanta sangre y vísceras explotando, más que asco, me ha abierto el apetito. ¿llegaré a los tacos de la esquina?

 

Las sirenas se escuchan a los lejos, las luces de las torretas ni siquiera son una mera insinuación, parece que la indicación es llegar lo más tarde posible. A pesar de todo este tiroteo, no faltan los morbosos, esos curiosos que quieren la primera foto, el video que a la hora de los hechos, ya están en YouTube, Facebook o Instagram. Lo inaudito, la macabra ironía, es que esas redes sociales, esas muestras de tecnologías, puedan servir para evitar a la parca.

 

-          No alcanzo a escuchar mi celular, maldito ruido, ¿cómo no dan tregua a un instante de silencio?, pero aunque las chillonas de pólvora se callaran, serán los gritos de los caídos que inunden este pinche localito.

 

Hay un connato de incendio en una de las esquinas de la fonda, la estufa tenía una sartén llena de alimentos, un cazo con molotes se ha volteado, el aceite se ha volcado y propaga su calentura. Las llamas, en un principio incipientes, ya están tomado posesión de los muebles de madera. De ahí saltan a las cortinas que están en la ventana  y en unos pocos minutos sobrecalentaran el tanque de gas.

 

-          Me arden los ojos, la tos empieza a subir por la garganta y me impide respirar de manera adecuada, no alcanzo a ver la salida del changarro, mierda, ni siquiera veo mis manos, ¡¿y esa vibración?! ha de ser el cel, no importa, al rato devuelvo la llamada.

 

Una luz cegadora cubre todo, es un mero instante, después, el impacto manda a volar a todos, revueltos, cosas y cuerpos, las ventanas aledañas y la de las calles circundantes se deshacen en cuestión de segundos. La onda expansiva amenaza alcanzar a una gasolinera, en su viaje, se lleva transeúntes, coches, ciclistas, árboles y todo aquello que se le interpone en su paso.

 

-          “y cada noche vendrá una estrella que te cuente como estoy…”

 

El sonido de un teléfono móvil irrumpe, dirían los cristianos, milagrosamente,  pareciera el único sonido que se escucha en varias cuadras a la redonda. Tonada de Miguel Bosé, en un sarcasmo de animosidad, se deja sentir en un desolado ambiente. Copia de los bombardeos de Siria, con sus respectivos daños colaterales, pero aquí todo es colateral, porque quienes participaron en este acto, no son más que marionetas, manejadas por el motivo de la necesidad, los demás, los llamados inocentes, tuvieron una mala noche, una desacertada decisión de ir a cenar por un simple antojo…

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Autor

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza. 

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