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El drama nuestro de cada concierto en la capirucha de esto que llamamos país...

Lunes, 21 Mayo 2018 12:32 Publicado por en Música

Un relato del Hell and Heaven 2018...

Lluvia, mucha lluvia, agua calando de frío, un pinche frío que me decía vete, pero a la verch, yo quiero estar aquí; han sido muchos los años de sequía y por fin regreso a la arena de las enardecidas y locas multitudes. Y de hecho es así, el sitio asemeja un moderno coliseo, pero en lugar de madrazos con espadas u otras armas, las batallas son con liras, baquetazos y teclados. El piso es de concreto, afortunadamente, y en el podemos realizar todas las ceremonias propias de un concierto de heavy metal.

Bienvenidos al Hell and Heaven, festival de viejas bandas, viejos tiempos que atraen a la melancolía y nostalgia en forma de tormenta, tormenta de sonidos, electricidad y líquida a raudales. Dos días de desmadre puro, tratando de imitar a los mejores festivales europeos. la adrenalina estaba garantizada, pero no sabía que el diluvio que cayó, aumentaría la taquicardia. Puta lluvia, nos lavó a todos, entro a la intimidad más puerca y la libero de malos olores y sabores. Esos humores atrajo calambres, ansiedad y ganas de beber, pero sólo destilado de café, para aminorar la temblorina. Y ahí vamos, a buscar el elixir de los crudos y friolentos.

Primera aduana, hallar los caminos a los puestos de alimentos y bebidas, tal cual, después de encender el chingao Waze, a pesar de andar a patín, le encontramos sentido a las rutas de ese laberinto mercadológico. Vamos llegando y no mames, filas largas, de cien peludos como mínimo para llegar a la olla de la infusión, puta madre…

Ni pedo, para ser sinceros, no había antojo de nada, sólo tener el brebaje caliente dentro del cuerpo. Si quería rock, pero los ánimos estaban muy decaídos, a pesar de que las bandas como Scorpions, Mastodon, Deep Purple, Moonspell o Testament se rifaron con todo el profesionalismo, energía, dedicación y desmadre para encender ese ambiente gélido. Los hachazos y tamborazos retumbaban en las bocinas, desplegando grandes himnos, rolas que terminaban de hinchar la piel; las voces se desgañitaban para crear coros en esos infaltables e incendiarios hits como Smoke one wáter, Blackout, The Legacy o cualquiera de esas composiciones que siempre nos han hecho practicar el headbangin, el mosh o the Death Wall.

Echábamos de menos esos ritos oscuros, al igual quería sentir unos salipuses que quemaran las entrañas y no unas chelas, a las cuales les rindo pleitesía, pero estaban muy helodias. Ese primer día, viernes de desahogo rutinario se fue al agua, pero valió la pena, se tiene que pasar por el túnel para apreciar lo que se venía para el sábadito, sin demeritar esas grandiosas leyendas, igual valió la pena disfrutarlos aunque el diluvio estaba en chinga.

El otro día, que puedo decirles, Tláloc quiso echar la hueva y dejar que la feligresía negra, las ovejas descarriadas, obedientes del sendero izquierdo pudiéramos aullar con felicidad, sin importarnos el dolor de cabeza, con los riffs no se sentía nada, más que fogosidad y orgasmo metalero.

Los siguientes embajadores de nuestra iglesia tuvieron cielo despejado, lo que nos dio escenarios espectaculares con impresionante entrega por todos los profesionales que dieron el alma en cada interpretación. Para su servilleta, fueron los sacerdotes quienes encabezaron esa legión; Judas Priest no se oxida, podrá no gustarle a varios, pero mantienen una jovialidad que ya muchos quisieran y las canciones son coreadas con harta enjundia: Breaking the law, Victim of changes, The reaper o la insuperable Electric eye.

Ellos, los máximos intérpretes de este ritmo rompieron la madre a cada uno de nosotros y fue la maldita cereza que cerro ese mágico día, y antes de los acólitos de Judas Iscariote, desfilaron con bastante filo Megadeth, Saxon, De la Tierra, Ozzy Osbourne o los borrachos alegres alemanes Tankard.

Hablar de los precios, la neta, ya haciendo girar las neuronas y que el pinche raton este despierto, nos damos cuenta que salimos bien que servidos, incluso podemos decir que hasta barato salió, que ya me empieza a dar un tufo de devaluación, quizás porque ya son grupos con bastantes décadas y no faltara quien diga que sus mejores tiempos ya han pasado y no tienen el mismo poder de convocatoria que las nuevas generaciones quieren. Para ser sinceros, me vale madres que puedan decir o pensar los que no van y sólo la hacen de pedo por el hecho de no gustarles lo que escuchamos.

Pero dejemos eso atrás, los mejores momentos fueron esos que me hicieron sentirme libre y más joven, generando más recuerdos para la vejez, esa que ya estoy viendo de frente y directo a los ojos para que sienta que no hay miedo y si debemos o podemos llegar, será una buena época para vivir…

Pd. Todo estuvo chingón, hasta la mojada lluvia, tenía rato que no empapaba como vil chamaco y de paso, desgreñarme con la banda, que eso si pedo decir, había de todas las edades, desmadrando el mal humor y gozando como enanos ese ritual tan de poca que tenemos los que vestimos de negro, tanto por fuera como por dentro…

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Autor

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza. 

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