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Era el año 1996 cuando el escalador indio, Tsewang Paljor, perdió la vida en el Everest en una conocida tormenta.

Martes, 05 Septiembre 2017 11:33 Publicado por en Noticias internacionales

200 cadáveres están sirviendo de guías a otras personas

Durante casi 20 años, el cuerpo de Paljor, conocido popularmente como Green Boots, ha descansado cerca de la cumbre del lado norte de la mítica montaña. Junto a él hay más de 200 cuerpos.

 

Durante el tiempo que su cadáver yacía sobre las heladas piedras del área donde falleció, aquella figura congelada se convirtió en mítica. Green Boots, llamado así por el calzado de neón que llevaba cuando murió, aparecía y desaparecía dependiendo del tiempo. Cuando la cubierta de nieve era ligera, los escaladores tenían que pasar por las piernas extendidas de Paljor en su camino hacia la cumbre.

 

Paljor, como tantos otros, servía como punto de referencia para los aventureros.

 

El desastre del 96 y el cadáver más famoso

El desastre del Everest de 1996 ocurrió entre el 10 y 11 de mayo, cuando ocho personas quedaron atrapadas en una tormenta de nieve y murieron mientras intentaban descender de la cumbre.

 

 Durante aquella temporada, 12 personas murieron intentando alcanzar la cima, convirtiéndose en el día y el año más mortíferos de la conocida montaña, antes de las 16 muertes de la avalancha que ocurrió en el 2014, o de las 18 muertes resultantes de avalanchas causadas por el terremoto de abril de 2015 en Nepal. En cualquier caso, el desastre de 1996 tuvo una gran cobertura y planteó preguntas sobre la comercialización que se estaba haciendo del Everest.
 

Unos días antes, numerosos escaladores, incluyendo varios equipos grandes y pequeñas asociaciones, decidieron ascender en medio de una gran tormenta. Paljor, o Green Boots, se encontraba allí.

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El 10 de mayo de 1996, Subedar Tsewang Samanla, Lance Naik Dorje Morup y Tsewang Paljor, quedaron atrapados en la tormenta de nieve, justo antes de la cumbre. Mientras que tres de los seis miembros del equipo se volvieron atrás, Samanla, Morup y Paljor habían decidido continuar.

 

Alrededor del mediodía, los tres escaladores comunicaron por radio a su jefe de expedición que habían llegado a la cima, algo que más tarde ha creado controversia, ya que se cree que se detuvieron a 150 metros del punto más alto, quizás confundidos por culpa de la mala visibilidad. Los escaladores dejaron una ofrenda de banderas ykhatas. El líder del grupo, Samanla, decidió dedicar más tiempo a las ceremonias religiosas e instruyó a los otros dos a comenzar el descenso.

 

A partir de entonces, no hubo más contacto por radio. De regreso a los campamentos, los miembros del equipo dicen que divisaron dos faros moviéndose ligeramente por encima del Segundo Paso, a unos 8.570 metros. Ninguno de los tres logró volver al campamento.

 

Pasados los años, el cuerpo de Paljor con sus botas verdes no ha pasado desapercibido para el resto de montañeros. Todas las expediciones del lado norte encontraban el cuerpo encogido en la cueva de piedra caliza a 8.500 metros.

 

Los cuerpos del Everest

Lo cierto es que nadie sabe con exactitud cuántos cuerpos permanecen en el Monte Everest actualmente, probablemente más de 200, según el número de desapariciones oficiales. Siendo así, cualquiera se puede imaginar la cantidad de escaladores y sherpas que se encuentran escondidos en las grietas, enterrados bajo la avalancha de nieve y expuestos en las rocas de la cuenca hidrográfica. La mayoría están ocultos a la vista, pero algunos, demasiados, son marcas del peligro que acecha o señales de la ruta que les llevará a la ansiada cumbre del Everest.

 

Otro escalador caído que ganó un apodo fue Francys Distefano-Arsentiev, Sleeping Beauty. El hombre murió en 1998 durante un descenso sin éxito después de hacer cumbre. Su cuerpo cayó y se hizo visible en un área hasta el 2007. Otros cuerpos están situados en el denominado como “rainbow valley”, un área debajo de la cumbre esparcida con cadáveres con ropa de montañismo.

 

También está el cadáver de Hannelore Schmatz, apodada “the German woman”. La mujer falleció a 8.200 metros de altitud durante su descenso. Su cadáver permaneció allí durante muchos años, aunque finalmente desapareció entre la espesa nieve.

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Son sólo alguno de los casos, los más conocidos. Una de las peculiaridades que se produce con esta clase de trágicas muertes en altitud es que, mientras que para cualquier mortal la simple idea de que un cadáver permanezca más de 20 años a la intemperie, a la vista de todos, puede resultar espeluznante, para los montañeros es algo simplemente inevitable, “ley de vida”, dicen casi todos. El coste y la dificultad de “volver” con los cuerpos hacen el resto.

 

Es muy posible que el Everest haya perdido parte de la magia y el romanticismo de quienes conquistaron la cima por primera vez en 1953. Se calcula que desde entonces, más de 4 mil personas la han ascendido, dejando con ellos rastros de basura, desechos y, en el peor de los casos, sus cuerpos.

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Para los Sherpas trabajar en el Everest tiene sentido, la razón por la que siguen regresando es que es un trabajo muy bien pagado. Para todos los demás, sin embargo, las motivaciones son más difíciles de explicar. Los hay que simplemente lo hacen para alardear, y los hay, obviamente, que lo hacen por ese espíritu indomable del aventurero, por el desafío y la aventura, ya no tanto la exploración.

 

Hace unos años, la famosa compañía Mountain Madness suspendió sus escaladas guiadas en el Everest por un período indefinido de tiempo, citando el hacinamiento y el exceso de montañistas inexpertos. Quizás al propio Everest le toque descansar de nosotros. En cualquier caso, en sus montañas seguirán existiendo muchos de los sueños y triunfos personales del ser humano, además, por supuesto, de las vidas que les llevó a muchos en el proceso. [Wikipedia, BBC]

Fuente: Gizmodo

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Autor

Ocioltura

Ateo y loco de nacimiento, creativo en profesión y programador por accidente, fanático de las películas de terror, sociopata musical de Armando Palomas e Iván García, de reciente manufactura en el mundo de la fotografía.

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