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Este es el modus operandi de algunos asaltantes y que se desarrolla en el Banamex de la Recta a Cholula, mucho ojo!

Martes, 22 Diciembre 2015 18:00 Publicado por en Sociedad

Cuento de navidad de ladrones y alertas

Hoy les vengo a contar una historia tipo Charles Dickens, ya que por la temporada pega muy bien con esas tiernas palabras que oímos por este mes. ¡Ahhh diciembre! Que días tan alegres y melodiosos, en las fachadas de las casas y de los negocios se reboza de colores, las luces tintinean con tonos hipnóticos, las caras de los transeúntes están llenas de felicidad, el clima es frio, pero las temperaturas imperantes son soportables y podemos ir con muchos ánimos a conseguir los regalos que estarán debajos de nuestros árboles o colgados en esas primorosas calcetas, adornos que vienen de tierras e ideas extranjeras, pero ¡qué importa! El chiste es divertirse sin que nos importe si el Clos o Claus es gabacho, güero, panzón y con tintes vikingos, que chingaos, contagiémonos de despilfarro.

Pero en éstas historias no pueden faltar, esos seres amargados, marginados por la sociedad, porque ellos siempre serán víctimas y por lo mismo, deben de ser la mancha de éste cuento, ya que la injusticia de la vida, debe tener su Némesis  pagar por lo culera que es y por eso hay que desquitarse. Es así que en esos receptáculos, donde emanan los billetes y nos ayudan a pagar esos deliciosos placeres navideños, es donde se desarrolla ésta trama, que no sé sí, la podemos clasificar en un drama, comedia o terror; ustedes juzgaran.

Las maquinas que están dentro de esas imitaciones de cámaras de gases, creo las llaman Cajeros automáticos y llevan tres palabras que nunca he entendido: ATM, puede que sea A Toda Madre, Aquí Te Chingán, Aguas Te Cogerán o algo así (soy neófito de los modismos gringos). Como sea, los fines de semana y en un horario vespertino, hay personas de, cierta, avanzada  edad que acuden a esos sitios, a ver cuánto hay en sus cuentas, esas que tardaron algunas “cuantas” décadas de trabajo para tener un fondo de retiro decente (porque en estos tiempos, cuenta mucho la decencia del cochino dinero, porque luego lo tildan de lagartón o pirujo). Es ahí donde confiados aparecen esos seres que antes habíamos presentado, los grinch de piel morena, que esperan hundir el diente a esos congéneres que tienen la culpa, por ser trabajadores y ellos, los grinchos humanos, puedan tener su recompensa y demostrar que ser honesto no vale la pena, solo es un eufemismo creado por gente pendeja.

Al ver entrar a estas personas, que ya le pegan a la tercera edad (y algunos si lo son), fingen que están contando algunos billetes que ellos acaban de retirar, pero ojo, no hemos descrito su disfraz, ya que es importante para que los primeros se confíen y crean que el grincho, es de la misma raza. Estos seres van vestidos con una chazarilla o guayabera, indumentaria que tiene varias bolsas, dos arriba y dos abajo, y no pierdan este insignificante detalle; van de pantalón de “vestir” (nunca he entendido esa referencia, ¿no todos los pantalones, sean de la tela que sean, visten y cubren las piernas?) color beige, no podemos negar que coordinan bien la vestimenta y otro aditamento, que también puede parecer nada, pero si lo es, aquel que cubre parte de su cabeza y le da un aire de sofisticación, sombrero de paja, de la misma tonalidad clara de la camisa y pantalón.

Guarecidos entre la pared de cristal, sus movimientos discretos y teniendo su sombrero como un escudo facial, ya que lo ladea, para que la gente no reconozca al grincho y se espanten con sus facciones. Este observa entrar a las confiadas personas, ya que están adentro, esperan que saquen la tarjeta bancaria y antes de que ingresen la misma a la ranura de la cajota esa, raudo y veloz, arrebata el plástico a su dueño, y es ahí donde aparecen las habilidades de tahúr del grincho, ya que con ese rápido movimiento y con un argumento vocal, distrae a la víctima, dichas líneas estudiadas son: “Señora, el cajero está muy lento, yo la ayudo…” y con la mano que posee la tarjeta, la empieza a “tallar” y continua con su explicación: “hay que frotarla así para que funcione mejor el cajero” y es en éste momento donde las bolsas de la camisa en cuestión son utilizadas, ya que como un mago de la calle, hace el cambio de la tarjeta por otra que no sirve, es más, es un plástico que ya fue ordeñado.

Pero es tan ágil la transacción, que el dueño no se da cuenta de esto y en un intento por recuperar su posesión, solo se da cuenta que hay una tarjeta en la mano del grincho, y éste para darle más drama y confianza a su interlocutor, disminuye el tallado y se deja quitar el plástico que segundos antes ha cambiado. Es ahí que el grincho se retira y pide disculpas por ser atento y no le agradezcan la preocupación por querer ayudar, la ingenua persona que cree haber recuperado lo suyo, va al cajero y mete la tarjeta, es ahí cuando inicia la duda y la angustia de que no es suyo lo que está metiendo. Ya que aparece la leyenda de tarjeta reportada con robo y en esa ingenuidad y nerviosismo, no revisa el plástico y lógico, no nota que en el mismo no aparece su nombre.

La persona sale de ese aparato del sistema y da tiempo, para el grincho ingrese de nuevo y suponemos, saca parte de los ahorros de quien acaba de partir. Feliz, ese ser que se nos estaba pasando, habla con cierta entonación extranjera, tipo colombiano, o de esos lares sudamericanos. Para quien fue despojado no acaba la odisea, ya que en el banco (en este caso fue Banamex, pero los grinchos van a todas las zonas de la ciudad y son democráticos con la marca que sea, Bancomer, Banorte, ScotiaBank u otros), sigue un proceso burocrático, ya sea para reportar, para conseguir ayuda con la ubicación de donde se extrajo el dinero, si hay la posibilidad de obtener una copia del video de seguridad y así ver (en lo que se puede) parte de la cara del grincho, pero como dicen esa es otra historia. Así que feligreses consumistas, tengan cuidado al entrar a esas trampas, que intencionadamente o no, con doble sentido, te terminan desplumando y si son buena onda compartan este intento de cuento del Tío Gamboín…

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Autor

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza. 

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