- «Las brujas no existen, pero que las hay, las hay»…
- Dicho popular…
Serie: La bruja roja…
A la pendeja tía de mi rukaleta le da gusto verme pasar por su casa, le encanta ver que llevo la mochila negra cargada. Llena de caguamas, vital líquido ambar recubierto de vidrio negro. Le da gusto verme enviciar. Le da gusto ver que la maldición que me lanzaron, ella y sus sobrinas, sigue vigente. Jija de su reputísima madre…
Me voy a ir en poco tiempo, una de mis coronarias se está tapando culeramente, más que la estación Paltitlán en hora pico, que allí, valga la pausa, siempre es pico – picador – mamador. A la remigajera esa le apura verme ser constante con mis idas cheleras. Lo desea, lo anhela más que un yonkie que a su jeringa. ¿El motivo? Su pinche hijo menor quiere ocupar mi espacio físico en este plano. Tiene más válvulas que un Tesla en su cabezal. Literalmente. Su jodido cerebro necesita de esos artefactos para poder drenar la presión arterial que moja esa mamada que dice tener por sesera.
Han pactado con mi patrón, eones atrás, con su majestad. Y no exagero. Esta lucha viene desdenantes como decía mi bisa.
No es de hoy… No será de hoy jijueputasuripanta…
Sólo que los caminos se han vuelto a cruzar, como en toda pseudo evolución, como toda nueva civilización del quinto sol. Irónico, esa madre astral lleva millones ahí, suspendida, cagando el palo por experimentación de ajenos a esta chingadera que llama milky way, así en inglis pa´no joder a la mugrienta matriz (x). Sólo los invocadores profesionales recogen los pedazos de las reminiscencias para volver armar el sino de la supuesta actualidad.
En esas andan esos grandes pedazos de mierda que les revirtieron el palo por agujero, y esa es su máxima frustración, no porque que quieran ser feministas, ni a chingadazos; antes eran maloras en la cuarta venida del señor. Así, tal cual, como baño de esperma en tu imaginación, porque eso pensaste pendejete, jajajajaja. Como sea, en esa cuarta, ojo, invocación, no transformación (luego se les levantan las agallas a los pececitos amlovercianos), las majadas esas eran violadores, asesinos, extorsionadores y corruptos hijos de la santa madre iglesia. ¿Cuál? La que se le pegue la rejodida gana.
Ahora son seres resentidos, como todo, espera ¿buen? hombre. Al parecer su comportamiento así lo delata, envidia, masculinidad tóxica a mil por hora. Y no, no estoy degradando a la mujer, ésta, cuando conserva su esencia es más incisiva, inteligente y propositiva, aunque el camino sea la destrucción. Ellas ganan, en toda su expresión. Pero, tristemente, están infiltradas por almas que antes eran los llamados machos de Aztlán, Mictlán, Babilonia, Camelot, Valhalla y demás capitales minoicas… Los cuernos nos delatan, así se ven hasta en las banderas si sabes bien donde buscar.
A la culera, putrefacta, maldita y malvada tía le da gusto verme pasar con mis caguamitas. Sigue encendiendo velas. Hilando mi destino, o al menos ella así lo piensa. Continúa buscando el elixir adecuado para la repulsión vital que es mi espíritu regorgojeante de madrazos etéreos…
Salud, voy por mi sexta caguama, y el corazón late sano… Las arterias ni puta idea, pero mientras despierte otro día, será jornada de felicidad autocomplaciente que le rebajará la cafeína a las vísceras hediondas que rellenan esos cuerpos en descomposición… Como dice mi santa madre, en la cara se les refleja el veneno que se tragan ellas mismas…
En poco tiempo, es un hecho, ya no la veré afuera, parada como lombriz intoxicada, sonriendo, no… Estará buscando las dos cajas pa´ su última estación, ya no hay boleto de vuelta, por más que le tuerza el pecuecho a la pobre gallina. ¿Ella que pedo tiene que ver con sus chingadas ansias calenturientas – metafísicas? El escudo revierte sus maldiciones y peticiones, el escudo protege, el escudo mata.
Nada nos detendrá, ya en la sexta vida eónica volveremos a chocar. Con las espinas mordiendo la piel etérea de nuestras oscuras almas, ya que ahí está la última parada a la trajinera que nos llevará; que visitaremos antes de volvernos polvo de estrella, carbón o combustible cueros enanos, a punto de reventar para convertirse en agujeros negros.
Ella lo ha visto en el fondo de su taza, cuando tira los huesos o hurga en las vísceras. Piensa que por ser parte de la sexta y pelirroja bruja podrá asirse al brillante sedal de la vida, ya sea física o no. No está enterada de que hace unos pocos años tracé en el aire, en la madera y el cemento, el símbolo que ahora recubre el aura de todos los que habitamos en esta casa. El cordón se rompió y ella lloró, la roja, más al ver los tres colores que usurpan mi alma. Ya no puede hacer más, así suplique, así haga felación a la rebelión del caído.
No me confío, veo la cruz temblar, moverse y distorsionarse. Me sacudo entre las cobijas, pero no desisto; resisto encender la luz, sé que la mirada está ahí posada en mi ser. Pero ya soy uno con el todo. Las brujas lo saben. Más si tengo mis caguamas refrigeradas. No es parloteo de ebrio. Es invocación del borracho más sobrio de esta demarcación.
Ellas lo saben, ellas lo ven, ellas maldicen, ellas rompen fotos, ellas intentan posesionarse de nuestras energías. Ellas sufren. Ellas mueren. Yo sigo caminando por chelitas al colmenar…
Chuparé sus lágrimas a sabor clítoris caduco…
Fin
- Moribundo Feliz…
- Febrero 23, 2026…
- Límites de Cuautinchán, Puebla…
- Editorial Literatura Moribunda