Entre los grandes compositores del siglo XIX y XVIII había un temor funesto por alcanzar a componer la novena sinfonía, ya que para muchos implicaba una sentencia de muerte. Todo esto inició con el grandísimo Ludwig van Beethoven, ya que al terminar su bellísima Novena Sinfonía, universalmente reconocida por los amantes de la música, sea del género que sea, al poco tiempo murió; dejando inconclusa su décima opus magnus. Así, brevemente, les ponemos en contexto ese pavor a crear esa novena, habiendo varios célebres nombres, que de una manera u otra intentaron eludir esa «maldición». Ahí les va la de queso pa’ que vean que no eran cualquier covercero del pato macartis.

El caso más famoso fue el de Gustav Mahler, quién intentó «burlar» a la huesuda, ya que al llegar a su novena sinfonía, no quiso titularla como tal, puso a maquinar la sesera y dijo, «no mames, como ponerle así, la pinche moribunda va a venir a jalarme las patas sin dudarlo», de pronto «clic» una ideota se le colo a su cabeza: «mejor le pongo otro título a la rolota que me acabo de fletar, la llamaré La canción de la tierra». Hasta ahí parecía todo de poca su madre, pero después se lo pensó bien y nos imáginamos lo que pensó: «Nah, pinche mortalika me la pela entera, así que mejor sí la nombraré como la pinche Novena, jija de su re…». Craso error, doña Blanca se enteró de esa mamada y que le cae al buen Tavo cuando éste andaba bien cachondo componiendo su décima sinfonía y pos, quién se la pelo fue otro.

Pero en apariencia no fue el único de la salación betovenesca, brillantes músicos también se fueron a bailar con san Piter, sólo lean estos cabrones nombres: Franz Schubert, fregón compositor austríaco, que se aventó verchísimas canciones de ritmos románticos y sonatas clásicas. Antonin Leopold Dvořák, un grandísimo chico checo que la recontrarmo en corrientes musicales como el posromanticismo, teniendo la Sinfonía del Nuevo Mundo como una de sus más cabronas creaciones. Cerramos con el chido lido de Anton Bruckner, otro paisano de Adolfito, que supo chingarse la mente y adentrarse en el romanticismo, pero le entro al quite de varias maneras como música coral, instrumental – para órgano -, de cámara y sinfónica. Es austríaco, por cierto.
Hay que reconocer que no todo está comprobado al cien por ciento, pero coinciden, en menor o mayor medida, con los fallecimientos de estos genios. ¿Ustedes se saben otra maldición en el mundo de la música? O de cualquier otra rama del arte…