El pinche COVID nos dio en la madre en muchos sentidos, cambiando la forma de vida de muchas especies en el planeta, porque no somos los únicos animales que habitamos esta roca. Pero hay un caso que también modificó su modus vivendi para poder sobrevivir y poder alimentarse. Esta es un ave, la conocida como junco de ojos oscuros, que, para más señas, es un pequeño gorrión norteamericano, abundante afortunadamente – en la naturaleza hasta el momento.
Para dar contexto, a este junco se le hizo un estudio por parte de la Universidad de California en Los Ángeles (los oseznos de la UCLA), ya que en el campus de esa uni hay una considerable cantidad de esas aves. Teniendo ese ideal escenario, los investigadores de esa casa de estudios aprovecharon el encierro y vieron asombrosas transformaciones físicas en estos pajarillos.

Estos rechonchos amiguitos, antes de la pandemia, tenían el pico corto y ancho, un factor más que normal, ya que se alimentaban de los restos de comida que dejan – dejaban – los estudiantes, intencionadamente o no. Por eso, su evolución corporal lo llevó a tener un pico de esas características. Caso contrario de sus compas «salvajes» que tienen picos largos y finos, pa´que puedan tomar semillas e insectos difíciles de alcanzar y hallar a simple vista.
Lo anterior lo sacamos a contexto porque de eso trata la modificación que contaremos a continuación. Al desaparecer los humanos, durante la pandemia, por obvias razones no había comida en los terrenos de la universidad, lo que orilló a estos animalitos a adaptarse a su entorno y su supervivencia. Además que fue una extraordinaria oportunidad para ver que tanto bien o mal le hacemos al medio ambiente cuando no estamos allí, presencialmente en el actuar de la mencionada naturaleza.
Pos, el bendito junco oscuro tuvo que hacer cambios en su instrumento alimenticio, forzando a las nuevas generaciones de polluelos a desarrollar picos delgados y más largos. Y sus costumbres también entraron en ese proceso, ya que su comportamiento se volvió «salvaje» como el de sus primos rurales, ya que empezaron a forrajear para encontrar alimentos.
Pero lo sorprendente no queda ahí, al volver a la espantosa normalidad, con los escolapios regresando animosamente a sus actividades, incluyendo sus magníficas dietas; estos gorrioncillos volvieron a mutar sus picos, regresando a su anterior morfología pre pandemia, picos cortos, anchos y gruesos. Un cambio evolutivo muy raro de ver, dejando a un lado la presunción de que la evolución no es un proceso de miles de años; con este caso, se detectó que los animales que viven en las urbes tienen mayor rapidez de adaptación que sus primos silvestres.
Ta´ cañón ver como la conducta humana se inmiscuye en los patrones de los animales, y no porque sea algo raro, ya que lo hicimos con los perros y gatos, por dar un ejemplo notorio y común; pero en otras especies no habíamos visto esas alteraciones tan marcadas. En fin, somos una máquina de modificación / destrucción masiva, en todos los aspectos naturales.
Con info de agencias internacionales…