Estamos de plácemes porque uno de los institutos culturales más importante de nuestro sufrido México acaba de cumplir años, y lo hace a lo grande, porque 35 años no son cualquier onomástico, al menos no para el Museo Amparo, un fiel guardián de la era precolombina, virreinal, moderna y contemporánea. Eso nos recuerda la mortalidad de los seres humanos, mientras las piedras, bellamente acomodadas arquitectónicamente, seguirán allí, resguardando la memoria material del porvenir – o devenir – de las mujeres y hombres.
Hace 35 años, el 28 de febrero de 1991, el Museo Amparo abrió sus puertas en el centro de la ciudad de Puebla. Lo hizo bajo un lema que orientó no sólo su creación, sino que ha regido su quehacer a lo largo de tres décadas y media: “un encuentro con nuestras raíces”. Esta metáfora, que se refiere al amplio período histórico que comprenden sus acervos –un recorrido por 3 mil años de arte–, se ha convertido en la guía de un programa de trabajo donde la investigación histórica, el pensamiento sobre las identidades y la apreciación de las artes de distintas épocas, tienen un lugar central, activo y siempre abierto a nuevas aproximaciones.

El Museo está dedicado a la memoria de la Sra. Amparo Rugarcía de Espinosa Yglesias, con el impulso de los filántropos Manuel Espinosa Yglesias (1909-2000) y su hija Ángeles Espinosa Yglesias Rugarcía (1942-2007), promotora cultural que encabezó la institución por 16 años. Fue creado bajo el patrocinio de la Fundación Amparo, que desde 1979 ha impulsado proyectos relacionados con la educación, el desarrollo social y las artes, así como con la conservación, restauración e investigación del patrimonio cultural.

Ubicado en edificios que datan del período virreinal y del siglo XIX, el Museo Amparo es muestra de integración arquitectónica entre lo histórico y lo contemporáneo. Cuenta con dos intervenciones arquitectónicas, la primera realizada en 1991 por el Arq. Pedro Ramírez Vázquez y la segunda, iniciada en 2010, a cargo del despacho TEN Arquitectos con la dirección de Enrique Norten, misma que abrió en tres etapas, la primera en febrero de 2013, la segunda en diciembre de 2013, y finalmente la tercera etapa, inaugurada en abril de 2015, en la que se actualizaron las salas y el discurso museográfico de la Colección de Arte Prehispánico, ubicada en una superficie de 1285 metros cuadrados. Al concluir el proyecto, el Museo amplió sus espacios públicos, de exhibición y de almacenaje en cerca de 3000 metros cuadrados y cuenta con una superficie total de casi 9000 metros cuadrados.
9 mil metros de aprendizaje, de orgullo poblano y nacional; ubicación privilegiada para las artes, así como testamento para las nuevas generaciones.
¡Muchas felicidades a todos los que integran el gran equipo del Museo Amparo!