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Invocando a la súcubo

Serie: Anécdotas ansiosas… e imperfectas de conducta y voluntad

Antes que nada, permítanme presentarme, soy Ma…, un vecino cualquiera de una ciudad perdida, e igual de ordinaria que mi persona; una urbe presumida, longeva, hijas primerizas, resultantes del accidente genovés. Soy un don nadie, así de simple, he ahí la pureza del término, ser uno más de esta masa amorfa que deglute al planeta sin compasión. Eso es lo más chingón que te puede pasar. Caminas sin que nadie te pele, desapercibido en el mayor de los movimientos, como una asquerosa mosca. Vuelas cerca de ellos, pero te ignoran. Puedes sacarles la lengua y nada, puedes verlos feo y menos; aunque hay una cosa curiosa, puedes hasta mentarles la madre de manera discreta, pero nunca de los nunca, les enseñes el dedo medio, porque eso si lo notan y empieza la puta corretiza. Pantomima de actuar europeo. Cobertura para el complejo de inferioridad.

Curiosidades de mierda…

Vaya, sea lo que sea, nosotros, los Godínez, los menospreciados oficinistas, esos que ni los vagabundos o artistas del arte artístico culturalisimo respetan – así se estén cagando de hambre, pero no les falta el sentido limosnero, sí lo sabre yo -, es más, somos como los Bryan o Britanny, los no deseados, vagamos por las sucias calles sin tanto problema, hasta donde se pueda, ya que, en la casa o el trabajo, los ignorados como nosotros, cuando se trata de que quieran que hagas algo que ellos no quieren realizar en oficina elegante, ¡ahí sí! Maman y muelen el palo los señoritos importantes – o señoritas, no se ofendan mis bien vistas feministas -.

Pero bueno, ¡vamos! Lo divertido no se nos quita, sabemos sacar el mejor de los jugos a esas situaciones. Total, nos pagan de alguna manera u otra, así la chamba esta media pendeja. Pensándolo bien, no es ta´chido.

No es grata la palmadita en la espalda, física o figurativa, para que, según, te den ánimos y continues así, sometido al látigo inclemente del horario de una jodida y mediocre jornada de trabajo. Esclavizando todas tus ansias y vayas aletargado, sin espíritu, a un cubículo que es más pequeño que la casa de tu perro. 

Tampoco lo es, que tu vieja te engañe con sus desaforados berridos, haciéndote creer que las estás trabajando bien y sólo lo hace para que sigas bebiendo el agua de calzón y seas el maldito mandilón de siempre, pagando todas las cuentas, tanto de ella como las pinches “bendiciones” y seguro, hasta el amante, eso, como que no checa. Y más, porque entiendes y comprendes Mendez, que cuando chilla como puerco en matadero de manera genuina es con el puto sancho.

¡Chinguen a sus madres! A la verga, ya estoy cagado, cansado y harto de ese círculo rutinario. Por eso, mi choya vuela cabrón, a todas horas, despierto, dormido, briago o drogado. Versiones mías andan en otros universos, caminando enajenado entre nubarrones llenos de toxicidad autocomplaciente.

Los caminos de la costumbre… Foto del Invidente Zurdo

El chiste es que una madrugada, llevando a mi ñora a la parada del camión de su empresa, decidí tomar una ruta diferente en mi coche, para variar y no chocar en mi sonambulismo. En esas iba, cuando se me atravesó un pensamiento reprimido de años: “ojalá que este camino me muestre un lugar donde haya prostitutas (perdón lo formal de la referencia, pero ya se la sa, las mentes del buen decir están cabuleando todo el tiempo, revisando el hiperespacio), y pueda llegar a un arreglo de desahogo masculino…”.

Y ahí iba, sin ninguna dosis líquida o polvorienta dentro de mis venas, con algo de adrenalina natural. ¡Y sopas! me halló a una belleza de mujer saliendo de una casa media extraña. Sé que ese lugar siempre ha estado allí, pero, será por los aires de madrugada, la somnolencia o vayan a saber que puta madre, esa mañana tenía un aura diferente, entre espectral y paradisíaco. Lo cagado, es que sólo había avanzado unos 5 minutos, porque deben de saber, hay poco tráfico. Toda la ocasión se dio como un deseo pedido a un genio de botella; quizás es el nigromante personal que me sigue a todos lados, para ver cómo le va de sus alumnos preferidos. En fin, pudo haber sido el sereno…

Lo extraordinario de este casual encuentro, es que ella iba vestida con un conjunto de short y camisetita de tirantes, todo en negro. El pantaloncillo era más que sugerente, escaso en tela, mostrando dos bien torneadas piernas, sexys y exuberantes. La parte de arriba, era la mejor definición a la palabra lujuria. Escote provocativo, dejando ver unos deliciosos senos, redondos y firmes. Tal cual se ha visto en OnlyFans. Ideal vestimenta para invocar a todos los faunos lascivos de los bosques de concreto. ¡Madre mía!

¿Qué decir de su rostro? Linda, ojos penetrantes y pícaros, con cabello castaño lacio, cayendo coquetamente hacia sus pechos. ¡Con un carajo! La pinga se está poniendo dura, dura…

Pero algo maravilloso y desconcertante sucedió cuando estaba, prácticamente, a la altura de donde ella emergía. Coincidieron las miradas, y ella, ¡estaba sonriendo! Puede sonar increíble, pero no había nadie afuera de la casa, no taxi o coche de aplicación. Ni siquiera salía o había algún acompañante, simplemente estaba ahí, fuera de esa casa color caqui, tomando el picaporte con su mano izquierda. Toda su pose era más que sugestiva, más bien era posesiva de cuerpo y alma.

Al menos esa impresión daba, cruzando miradas conmigo, como si me esperara. Y esa pinche sonrisa, ¡carajos!, prístina y seductora a más no poder. No supe cómo reaccionar, si frenar o bajar el vidrio y decir un pendejo hola, pero nada, me bloqueé, como escolapio de secundaria, cuando ve a su nueva maestra cachonda. Así de estúpido me quede.

Y así de pendejo seguí mi acostumbrada ruta, de regreso al matinal inicio de la interminable costumbre…

Pd. No hagan o copien lo que yo realicé, soy un autómata al servicio de la inmortal paradoja humana…

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Invidente Zurdo

Escrito por Invidente Zurdo

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