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Los mitos sobre Miguel Hidalgo y Costilla, el padrasto de la patria

Tanto hemos leído y escuchado sobre el llamado «Padre de la Patria», el cura Miguel Hidalgo y Costilla, pero, afortunadamente, han salido otras voces eruditas que desmienten mucho sobre la leyenda oficial que contruyeron los gobiernos sobre este personaje, que era más que un militar… Más bien, era bien pillín y calenturiento. Así que, sopas, ahí les va la desmitificación de los libros de la SEP:

Este sacerdote fue un hombre sumamente complejo, un intelectual brillante de la Ilustración, pero también un personaje pragmático con severas contradicciones políticas, pasiones mundanas y deudas financieras. Los mitos más grandes de su vida contrastados con las investigaciones históricas de especialistas se detallan a continuación:

El mito: El hombre calvo, de cabello blanco, alto y de mirada bondadosa que vemos en pinturas y billetes.

La realidad: No existen retratos de Miguel Hidalgo pintados en vida. Las imágenes actuales se popularizaron décadas después de su muerte. Según las crónicas de su contemporáneo Lucas Alamán, Hidalgo era de mediana estatura, cargado de espaldas (JOROBADO), de tez morena y ojos verdes vivos. Su imagen oficial es prácticamente una construcción artística del siglo XIX.

Acerca del «Grito de Independencia»:

El mito: Gritó «¡Viva México y viva la independencia!» la madrugada del 16 de septiembre de 1810.

La realidad: No existe un registro exacto, pero los testimonios históricos coinciden en que nunca propuso una separación inmediata de España ni pronunció la palabra «México». Al verse descubierto en la conspiración, su arenga llamó a defender la patria de los franceses (Napoleón acababa de invadir España) gritando vivas al rey Fernando VII y a la Virgen de Guadalupe, mientras prometía, jajaja ¿a qué nos recuerda lo que sigue? PAGAR un peso a quien lo siguiera a caballo y 4 reales a pie. O sea que también se le puede considerar el «Padrote de la mordida», el clientelismo electoral, de los acarreados y más mapacherías tamaleras.

Su vida personal, que no fue nada sacramental:

El mito: Un sacerdote abnegado consagrado únicamente a la fe.

La realidad: Era apodado «El Zorro» en la escuela por su astucia. Aunque era un teólogo sumamente preparado (hablaba latín, francés, italiano, purépecha, otomí y náhuatl), acumuló deudas masivas por apuestas en el juego de barajas y peleas de gallos. Tuvo amantes y se le documentan al menos entre 2 y 5 hijos reconocidos, violando el celibato. Además, la Inquisición lo investigó por leer libros prohibidos de la Ilustración francesa y sostener ideas heréticas, como afirmar que la fornicación no era un pecado. Todo un tiro el Miguelito.

Su rol como estratega militar:

El mito: Un estratega militar noble que comandaba un ejército organizado.

La realidad: Hidalgo era un pésimo líder militar, lo que fracturó su relación con Ignacio Allende. Su fuerza no era un ejército, sino una masa iracunda y desorganizada de miles de campesinos. Bajo su mando directo (u omisión) ocurrieron matanzas brutales de civiles españoles desarmados e incendios trágicos como el de la Alhóndiga de Granaditas. Incluso ordenó ejecuciones secretas a puñaladas de prisioneros en Valladolid y Guadalajara, ganándose el repudio de sus propios aliados insurgentes. EL CARNICERO DE LA PATRIA.

Se preguntarán ¿pa’ qué chingaos nos sirve esto? Pos pa’ nada y todo, la historia es un sinfín de anécdotas, recuerdos y simbolismos necesarios, hasta cierto punto, para el desarrollo social y moral de un país, aunque a veces se tenga que exagerar, ocultar o mitificar ciertos hechos, ciertos personajes, como sucede con el buen Hidalgo. Pero, ojo, tampoco podemos sostener y cimentar esas raíces históricas con omisiones o mentiras, mucho menos, sostenerlas ferréamente por intentar controlar la narrativa e idealismo de un pueblo. Es válido que haya otras investigaciones que validen o desmientan esas historias que pueden ser intrascendentes en nuestro día a día, pero recuerden, de esas pequeñas falacias han surgido grandes dictaduras que someten a la sociedad y nos dirigen al matadero de las mejores virtudes que podemos crear y tener como nación, y en un sentido más trágico, como individuos…

Creado por Invidente Zurdo