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El martillo de la conciencia poblana: Maleficarum

Hay grupos de metal que son tercos, obstinados por diseminar su mensaje, ya sea político, artístico o misántropo. Agradecidos por ello, por esa terquedad, por salvar esos obstáculos, los propios de una banda, como el ego, la incomunicación, las direcciones opuestas y todo aquello que confluye dentro de los integrantes de una asociación musical. Maleficarum, la que podemos considerar una verdadera leyenda – aunque digan que la palabra está muy choteada, ésta sigue calzando muy bien para esos ejemplos vivientes de resistencia – del under nacional.

Parece lejano ese 1995, cuando este proyecto surgió, lo hizo con la firme idea de estar y continuar dando vida al black metal nacional, que, para esos años, no encontraba una identidad propia, pero ya estaba cimentando su propio estilo. Maleficarum fue y es parte de eso, de la rebelión contra el metal clásico y su obvia decadencia. Creemos, que Alastor está orgulloso de mantener viva esa expresión, a pesar de la constante rotación de músicos dentro de la agrupación. Al final eso nos recuerda que Maleficarum es un ente con vida propia, con disco o no, ya está dentro de la memoria colectiva de eso que llamamos escena.

Con varios discos a cuesta, lanzados sin descanso a partir del 2019, Alastor y compañía no cejan en su misión de producir metal oscuro, crudo como lo describen comúnmente. Sus producciones son así, cocidos en su propia sangre, crudamente, con tintes rústicos, cuasi rudos en la manipulación de sus instrumentos para lograr esa veracidad que transmiten en cada canción.

Y son esas odas oscuras, las que incomodan a una ciudad como Puebla, y no porque la radio comercial los toque día a día, hora a hora, pero es en las horas nocturnas, cuando en algunos locales, así como los estéreos de esos seguidores del ruido metálico, cuando se escuchan los reclamos, los lamentos y gritos de guerra de esta gran banda, lo cual los hace estar del lado malévolo de los acomodados sonidos de la delicada y absorbente costumbre.

Los buenos modales se contraponen al discurso de estos sacrílegos ejecutantes, amantes de los espinosos recorridos del sendero siniestro. Aquí, en las letras de Maleficarum, no hay piedad para el débil, para el que hace lo correcto, cumpliendo a cabalidad lo que se le dicta tiránicamente; mientras que, en el eclipse perpetuo de la insurrección, hay dictamines, pero que, irónicamente, rinde homenaje a esa máxima del libre albedrío, haz cuando quieras y te plazca. Y eso, señoras y señores, lo hace detestable para la mayoría, ya que les refleja el miedo en sus almas al no realizar sus prohibidas y escondidas fantasías.

Maleficarum es nihilista, hedonista y misántropo, algo que podrán apreciar cuando abran la extrema noche del 23 de abril, para los nórdicos de Ancient…

Creado por Invidente Zurdo