«No es la más fuerte de las especies la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio.» Charles Darwin
Acto uno
Las tierras han sido invadidas y saqueadas, lo peor, la imposición de costumbres, enfermedades y religiones. El mono, ese ser despreciado por tener parentesco con los sapiens, pero que no es de cabellos color sol, u ojos color mar, observa desde su guarida; guareciendo el cuerpo, pero más el alma, de las plagas que los bajos dioses traen encima, con librito lleno de rayas pacíficadoras, según, en mano.
El humo y el rugir de las entrañas de las casas flotantes los han espantado, ven como sus antiguos amigos, los dotados de sabiduría, están siendo sacrificados a los nuevos preceptos de la evolución vengativa… Culera.
Las piedras de los altos edificios han sido manchados de sangre, visceras… Y corazones, arrancados por las manos de esos entes, quesque por el bien común y del dios transformado en flamígera espada. Tiene sed ese Yave, al menos eso es lo que entiende el simio. No sabe si eso es bueno, ya que no es la primera oleada que ve chocar contra esas rocas, y expulsar, a golpe de madrazo puro, tinta roja de cuerpos y de esos bloques inertes que tienen miles de años alzados, como recordando que otros dioses llegaron antes, con las mismas intenciones, y otros no, los pocos trajeron bonanza y armonía.
El viejo mono, brinca ágilmente a pesar de sus casi 400 años. Todavía puede interpretar y plasmar en simbolos, para la memoria de las siguientes generaciones, las sagradas – y reales – advertencias. Entre sus súplicas, pide que no repliquen las acciones de los nuevos amos. Que las olviden, y que recuerden, para no contaminar el linaje, y así no perder el tesoro más valioso que entregueran los primeros a los últimos de la cadena de sustancias estimuladoras del espíritu rebelde.
Una soga en el camino. Cabeza abajo está. Mareado intenta comprender donde desvió el camino. Un fuerte golpe a la cabeza. Una punzada fría le atraviesa su inerte cuerpo. Desde arriba, flotando ve a los perros brincar. Las risas y regocijos de los ángeles rubios se escuchan hasta el final del sistema que nos envuelve. Visión roja. Un zumbido, La mano peluda lo acoge. Eres libre, por primera vez.
Acto dos.
Aquellos que aprendieron la reversión están reunidos en una cueva. Son pocos, lo cual los entristece. Ya no hablan, prefieren la bella suavidad de las señas a los gruñidos autoimpuestos. Fue necesario. Urgente. Las miradas complementan ese lenguaje, que si tuviera sonido y escrituras, sería una de las elegías más bellas que el supuesto pensante escuchara y leyera. El cónclave es para determinar quienes quedarán al lado de los elegidos de los pueblos originales. No es tarea fácil ni recomendada. El original se contaminó cabrón, culeramente se hinca y junta sus manos pidiendo esa paz que no termina de llegar… Ni lo hará.
400 años han pasado desde que el último maestro fuera cazado como un ser sin aura, sin luz ni mente. 400 años de ser pisoteados. Los otros claudicaron fácilmente. Tiraron las neuronas y se hincaron para una mejor adaptación. Pero eso no es adaptación, es rendición. Los 33 se miran las manos, los gráciles gestos, como una danza cósmica elevan sus peticiones y sus desaprobaciones. Quienes se quedan, y quienes toman el sendero de la selva que llora, para dar las despedidas y loas a los atrevidos. 20 inician la larga travesía, el resto llora en silencio, se abrazan, y unen sus estelas en una, para que el siguiente «mezclado» la recoja y pase lo que tenga que pasar. El «mezclado» tendrá en sus garras la pureza e inocencia de estos jóvenes maestros. Queda en él si los escucha cuando llueva y aplique la última gran rebelión. O hace oídos sordos a las súplicas. Y viaja como cilindrero de apestosas calles.
Acto tres
Los putos «cuetazos» están a la orden del pinche día más culero para regresar de un tercer turno, por más almohadas te pongas arriba de las orejotas, o que le trepes a la tele, en el noticiero más pinche aburrido para mitigar los permitidos bombazos, no dejan de escucharse las explosiones, los falsos cánticos, y las risas, las jijas de su verguísima verga risa…
- Atronador es mi sepia…
- Atronador es mi sino…
- Atronador es mi destino…
- Atronador es mi futuro…
- Atronadora es mi venda…
- Atronadoras son mis cadenas…
- Atronadora es mi contaminada sangre…
- Atronadora es mi historia…
- Atronadora es mi raza…
- Y de los nuncas, por ella hablará mi espiritú…
- Porque es atronador verte humillado…
- Atronador es rendirse…
- Atronador es volverse cuerdo…
- Atronador no es seguir las esquelas que dejamos en las antiguas ciudades…
- Atronador es morirse con la lujuria abierta…
- Atronador es la violación que nos hemos dejado hacer…
- Atronador es lo perpetuo que es el sistema copiado…
- Atronadoras son las mentiras…
- Atronadoras son las conforntaciones entre hermanos de sangre del pasado…
- Atronador es fingir…
- Atronador es mentir…
- Atronador es vivir muerto…
Ahí va el monito, tirando cuetes, va feliz de la vida, sabiendo que lo intentaron, al menos en lo que les queda de memoria, porque ya no hay chamanes vivos que les dicten las sugerencias de vida. Es más, pa´eso hay gugle, windos y demás mamadas que ahora ocupo para desmitificar el sagrado corazón sangrante del centésimo mesias que ha orinado sobre estos bellos manantiales…
Posdata. Nadie ha visto al monito atronador, pero lo sienten cuando empinan su refrescante caguama, que es el último vestigio de la vejación…
Fin
- Moribundo Feliz…
- Desde el chiltepeque de si corazón…
- Mayo 18, 2026…