Considerado como uno de los mejores artistas de la historia de Nueva Zelanda, Colin McCahon, trascendió el arte de la pintura, porque sus obras son textos adaptados de esos hermosos paisajes de su tierra natal. Pero sus temas tienen un aura expiritual que hace trascender sus temas a una conversión de fe. Fe en su gente, en su tierra y en su filosofía religiosa. Un ser envuelto en sus ideales.
Su obra abarcó una gran variedad de temas, sujetos y estilos, desde el paisaje hasta la figuración, la abstracción y un uso innovador del texto pintado. Su adaptación de aspectos de la pintura modernista a una situación local específica y su intenso compromiso con los temas espirituales lo distinguen como una figura distintiva en el arte del siglo XX.

Sus primeras obras que pueden considerarse como maduras, en el sentido artístico y disruptivo, surgen después de la Segunda Guerra Mundial; éstas son pinturas religiosas y paisajes simbólicos como El ángel de la Anunciación, Takaka: Noche y día y La tierra prometida. Ellas fueron las llaves para empezar a darse a conocer con público, pero más entre la comunidad artística que lo vio como un diamante en bruto que ya auguraba esa trascendencia inmortal.
Charles Brasch, poeta residente en Dunedin y editor fundador de la revista literaria Landfall, fue uno de sus primeros mecenas, quien generosamente le otorgo su apoyo parsa que Colin pudiera trasladarse a la ciudad de Auckland, junto con su familia, para poder seguir estudiando pintura en la Galería Nacional Victoria. De ahí, mudó su intelecto, pasión y talento a otro importante instituto, la Galería de Arte de la Ciudad de Auckland, donde se convirtió en el Conservador y Subdirector de la Galería.

Otro de sus aportes y atributos de McCahon, es su contribución a la profesionalización de la galería y a las primeras exposiciones y publicaciones que documentaron la historia del arte neozelandés. Todas esas mudanzas, físicas e intelectuales, reforzaron su mirada que iba más allá de la simpleza de su genialidad. A eso añadan que se convirtió en maestro de tiempo completo por seis años, influyendo y guiando a toda una generación de artistas.
Durante la década de 1960, McCahon tuvo cada vez más éxito en que su trabajo se exhibiera y reconociera tanto en Nueva Zelanda como a nivel internacional. La década de 1970 fue una época muy productiva para McCahon, con numerosas exposiciones. Una segunda retrospectiva de su obra se presentó en la Galería de Arte de la Ciudad de Auckland en 1972 (la primera, una exposición conjunta con Toss Woollaston, se celebró en 1963).

Su legado ya estaba asegurado, tristemente, como en todo ser humano, su mente y cuerpo se deterioró y dejo este plano, para irse un 27 de mayo de 1987…