in

Topolocko, de Minatitlán a las calles del planeta

Hay personas tocadas por las omnipotentes manos de las musas, seres indiferentes a las vicisitudes de la gran mayoría de la población terrestre. Puede que hayas visto a algunos de esos bendecidos, en museos, galerías, patios de gobierno o en las populosas calles de tu ciudad o de otras más grandotas. Uno en particular es aquél conocido como Topolocko, un artista que borda más allá de los límites de lo convencional.

Este hado de las artes, de la disidencia y de la rebeldía, nace en el los literales de ese territorio que Cortés campeo como su casa de verano, para mayor exactitud, en el refinado ambiente de la ciudad de Minatitlán, y por lo refinado, no es precisamente por su sociedad, más bien porque allí hay una refinería petrolera que no contamina, al menos eso venimos escuchando desde hace décadas.

Puede que Mina, como popularmente se le conoce, les suene muy estrambótico o pomposo, pero creánnos que hay raíces, influencias que Topolocko / Hector Pineda ha sabido bien aprovechar. Lo propio de la sangre jarocha está compuesta por genes europeos, por adn de los pobladores originales y de la tercera raíz, lo afro. Esa mezcla de emociones, tan distintas unas de otras, comparten un mismo principio, la creación del arte, en cualquiera de sus acepciones y manifestaciones.

Hector te lleva a lo punk, hasta darte un santo chingadazo a lo propio que puede ser el son jarocho. Se sumerge al mundo de los sueños, de los que están compuestos de belleza, de fantasía, para luego volverse confusión con trazos de pesadilla. Tales trazos, los hermosos con los confusos, están plasmados en sus obras, en sus predicciones soñadoras y somnolientos.

Sabe bien andar por las grandes avenidas del universo onírico, destrabando pasiones que son rudas, cuasi rústicas, pero que van cargadas de gran emotividad. Más cuando son tomados prestados, en su concepción física y mistica, de esos personajes urbanos que habitan en todas las aldeas humanas, los conocidos como los «Teporochos».

Esos rechazados, modernos bufones de las calles, le han dado a Topolocko una vasta fuente de inspiración y motivación, como claramente se pueden apreciar en sus monumentales obras, plsmadas a los pies de la gente, en canchas de basquetbol comunitarias del heroíco Puerto de la Villa Rica de la Vera Cruz. Colorido y diseño que nos muestra a estos humanos, personas llenas de vida, esa que se la han bebido a borbotones, disfrutandola a su exquisita manera. Y el buen Hector lo ha sabido entender…

De ahí pa´l real, Topolocko sigue, frenéticamente, buscando su magnum opus, que, quizás, no se ha dado cuenta que ya ha hecho varias…

Creado por Invidente Zurdo