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El gatito redentor

Ese felino es cósmico, es un guerrero intachable e infalible…

Ese felino es fiel a su causa, una misión que no lleva a ninguna parte y a todos lados. Y en esa nada, en la abundancia de caminos siempre hallarás bifurcaciones, tal como le sucede al alegre juguetón, quien nunca duda por donde ir, a pesar de que su indómita ignorancia…

La cola va erguida en todo lo alto, mostrando orgullo y cero prejuicios…

Nada importa, sólo las baldosas frías y resbaladizas, pero para el mostachón no representa un reto, al contrario, es un juego para sus habilidades. Ronronea y sonríe, con todas las expectativas por no hacer. ¿Para qué? El frío con la niebla adentrándose en el paisaje pinta un inigualable paisaje, del cual nunca querrás escapar. Su sonrisa termina de completar el cuadro…

Su cuerpo es voluminoso, peludo, tan llamativo que dan unas ganas locas de acariciarlo y abrazarlo…

Cuanto más avanza, nos jala con el deslumbrante, hermoso e invisible hilo de su carisma. Parece que su perfecta dentadura, la que está dotada de filosos y prácticos colmillos, nos dice: “vengan, no hay nada que temer”. Así es, el sendero se sigue abriendo, mostrando bellas estructuras naturales; pero a lo lejos se ven pequeñas figuras que no parecen hechas por la suprema creadora etérea. Parecen ser formas hechas por extremidades físicas…

Sus garras se contraen, han rasgado la fina tela del juicio final…

Sentimos un aire fresco en nuestros rostros, viene directo del bosque que se ve detrás de unas colinas y de inmensas piedras que parecen flotar, al menos esa impresión da. Esas moles me hipnotizan… Adormecen mi interior, veo, pero no observo. El paso de ese suave viento por esas rocas parece emitir una discreta melodía que desatan mi imaginación espiritual, más, mi cuerpo camina sin parar, me asusto un poco, pero el contoneo del gatito me relaja. No pasa nada…

Corre, corre con su sutil y ágil gracia, no lo alcanza nadie… La tela recompone su configuración…

No me equivocaba, las figuras son pequeñas casas, tres por tres, es decir, es una composición de tres hileras de tres casitas. Son mono coloridas, pero ninguna repite el mismo tono, y eso que todas parecen azules. Las variaciones son: índigo, petróleo, ultramar, cobalto, celeste, turquesa, denim, cian y cerúleo. Ya saben, a la distancia se ven iguales, pero a unos cuantos metros, notas las diferencias. Me he embobado mucho tiempo viéndolas que no me di cuenta que el felino no se ve por ningún lado, ¡diantres!

Obra de Mauricio Martínez, adquirida por Ocioltura…

Trato de abrir la puerta de la casucha de en medio, no cede. Voy con las otras hasta llegar a la última, el refugio de la izquierda. No hay resistencia, entro, no sin antes de atrancar la puerta con una piedra que halle cerca. Está muy oscuro, no hay paso de luz por las dos ventanitas que hay al frente. Lo raro, no hay cortinas ni parece que le hubieran puesto algún tipo de pintura o plástico que los revista. Puedo jurar que por fuera pareciera una construcción de 2 metros cuadrados a lo mucho; aquí adentro, desde mi perspectiva, es como si fuera más ancha y profunda, lo que la vuelve más lúgubre.

¡Plam! La puerta se cerró de repente, con el atisbo del ojo izquierdo me pareció ver al gato sentado y creo que… ¡¿carcajeándose?!

En la transición de imágenes, recuerdos y alucinaciones he descubierto que mi cuerpo está inerte, mis sentidos se han ido, a excepción del paladar, mi boca, con las pocas fuerzas físicas y neuronales, la siento pastosa, de ahí en fuera, no hay movimiento alguno; de ningún tipo. Muerto no estoy, porque estoy parado junto a mi viendo como el tórax baja y sube con el accionar de la respiración.

Mis porros, medicamentos y bolsas con demás golosinas están colocados alrededor de mi como si fueran puestos así para un ritual. Lógico, yo soy la ofrenda…

El felino es totémico, un enlace con los dioses del norte y del sur, compadre de la segadora y más aficionado a la yerba, lo que lo vuelve el guasón original. Por eso, por eso no deja de relamerse los bigotes, limpiando sus afiladas garras con las vísceras que cuelgan de mi vientre…

Fin

Este cuento corto es obra del Moribundo Feliz, que, como ya hemos dicho antes, deambula por las cuadras del centro histórico, recolectando pet, cartón, papel, aluminio y deshechos mentales humanos…

La imagen y portada, así como de la que se halla dentro del mismo es obra del talento del artista poblano Mauricio Martínez…

La pseuda edición es del Invidente Zurdo…

Escrito por Invidente Zurdo

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