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Noches de cata con el experto Sommelier de gustos andinos

La escritura es el último de mis refugios, no porque no sepa apreciarla, al contrario, es la que más me reclama y somete. Los gritos internos son más escandalosos que mi vida diaria. Relax, no es el grito de ayuda que ustedes esperan, ¿o sí?

No lo sé, lo único que se me ocurre es explayarme una vez más, para ser ejemplo de vida, un excelente ejemplo de cómo debe conducirse las nuevas generaciones. Pero hoy, en este día del Señor, prefiero abordarlo como debe de ser, ya quedará en cada quien, como interpretar las formas en que escribo, o me describo…

Hay veces que el desmadre y mis vicios me superan, sonara irónico y a la vez muy pendejo, pero justo ahora puedo contestar la pregunta que mucha gente me hace al saber que soy un despreciable consumidor de cocaína, alcohol y mota, entre otras cosas.

Pero es una sensación de paz interior, como cuando llega tu pareja al calmarte de un mal día, algo así hace la valentina, un apodo más de cómo nos referimos a la bien amada cocaína.

En tu mente llega a calmar tus putos demonios mentales y después de cada rayita, dices, como puto comercial de la coca cola – y será por eso que subliminalmente hago el mismo gesto de cuando abren una lata de refresco o inhalas esa raya enorme en el celular de miles de pesos – sale de muy adentro de mi corazón un delicioso, ¡¡¡AAAAAAAAHHHH!!!

Es una calma de sed o de demonios, pero ambos lo combaten la deliciosa coca. Que, como dato anecdótico, en sus años de inicio si contenía partes de la bien amada hoja, o vete tú a saber si aun la incluya.

Es la receta mejor guardada de la industria alimenticia, o quizás, de cualquier giro empresarial. Esta se halla en una bóveda, custodiada por guarros expertos en descalificar vidas. Creo, solamente eso creo, que todo ello, me orillo a ser adicto a ambas.

Aunque también les contare que siento un dolor de la verga en los riñones, maybe, debido a mi adicción a la Coca-Cola líquida, en polvo, alcohol, mota y mis deliciosos cocteles de pastillas, ácidos y rayas como cebra que ahora me tiene mal.

A mis 27 años siento que no durara mucho su servidor narrador, debido a su vida llena de excesos y anécdotas bizarras, las cuales me han acompañado cada noche a una historia más de este estúpido borracho alcohólico y drogadicto.

Que no deja de ser un cuenta cuentos baratos, en fin, espero tengan una excelente noche como la que yo ando pasando envídienme o tal vez no, ya que mañana debo laborar como negro que soy, (soy más blanco que el queso, por si tienen la bendita duda), eso es todo por hoy, mañana quien sabe. Salud y buenos humos.

Esta especie de cuento nació en la mente de un chaval conocido por sus gimientes coterráneos como el Pingu. Otros le llaman con el apelativo de Michel, pero la neta no sé si ese sea como los oscuros lo persiguen. Cómo sea, sus descripciones de vida son la base de este relato, salpicado por otro maniaco, de tendencias izquierdistas, y no precisamente de un modelo político social, más bien, apunta hacia el sur del paraíso…

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Invidente Zurdo

Escrito por Invidente Zurdo

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