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El Cartel como arte y protesta

Hoy queremos escribir sobre un objeto que vemos a diario, en distintos giros sociales, comerciales y artísticos. Creo que la mayoría de las veces pasan desapercibidos, principalmente los sociales y los artísticos, los comerciales, cuando ofertan una mercadería, corremos como galgos detrás de la liebre. El cartel es un elemento cotidiano, viene en muchos tamaños, estilos, diseños, colores y formas; es aviso, es oferta, es búsqueda de humanos y mascotas, es advertencia, es fiesta, es libre, romántico, accesible, prohibitivo, colorido, simple, abstracto, complicado, peligro para las masas, peligro para quienes gobiernan. Peligro para las huestes que comandan los gremios, y a la vez para los contrarios a éstos. El cartel, puede, ser o no, inmortal. Puede ser hecho por artistas, pero en estos tiempos, puede ser hecho por mentes artificiales. Todo es válido para la libre expresión de ideas, y éstas, puedan comunicar el cometido para el cual fue fabricado, pero también pueden ser un acto de rebeldía, un grito en la pared; ya que utiliza imágenes disruptivas, potentes y directas, con escasez de textos, y así, evadir la censura tradicional, para sí adentrarse en la psique del colectivo que es la sociedad, unificarlo y solidalizarlo de manera inmediata, encausando esta masa a un objetivo, a un principio.

Y según los que saben, hay tres compuestos que debe tener todo buen cartel:

  • Contrainformación visual: Permite documentar y difundir realidades que los medios oficiales ocultan o censuran.
  • Democratización del arte: Al ser económico y reproducible, saca el arte de museos elitistas y lo lleva a las calles.
  • Identidad y movilización: Construye una estética visual que fortalece el sentido de pertenencia de los movimientos sociales (como en el Movimiento Estudiantil del 68 en México o las marchas feministas).

Y desde una perspectiva libre de prejuicios y satanización inmediata, el cartel, así como otras ramas del arte, principalmente las pictóricas, puede sacar provecho de este nuevo orden tecnológico, adheriéndose a lo virtual con facilidad de creación, composición, materialización y obtención para todos. Porque colectivos, del índole que sea, crean archivos digitales con el beneficio de ser libres para descargar. Incluso, libre para ser editado, para mejorarlo, ya sea aumentando o restando piezas al diseño original. Eso hace del cartel un arma que puede ser retirado, en el internet o de manera física, pero puede ser restituido en otras ubicaciones, en ambos mundos de su creación. Crecer como un hongo que infecte los núcleos de las esferas del poder. Ser libre.

Este choro nos lleva a incitarlos a que vayan al Museo UPAEP y disfruten de una expo que está libre en su paso, ‘Para una conciencia colectiva: 10 años de cartel’. Mal de Ojo. Vayan jijues, vale la pena hasta la médula de su tinta…

Creado por Invidente Zurdo