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Muere el Maestro Miguel León – Portilla

Hay personas que son necesarias en la vida de un país y uno de ellos fue el emérito e ilustre Doctor León – Portilla.

Hablar de su legado, su carrera, aportes o investigaciones no será suficiente y quizás, redundante. Redundante porque su genialidad iba más allá de sus estudios y no, no lo escribí mal o redacte la idea de manera confusa. No, su personalidad era la de un humilde y desprendido, lo que realzaba más su figura, sus libros, su historia…

Ayer se le ocurrió irse a esos mundos prehispánicos que tanto adoraba, y que creía obligatorio traerlo al presente a los habitantes de la antigua Mesoamérica, para que no lo dejen caer en las manos del olvido. Ayer quiso ser testigo presencial de los antiguos, para preguntarles sus motivos de ser, vivir y luego partir. Quiere saber de la arquitectura cósmica, esa que se fue convirtiendo, con el paso del tiempo, en piedra, adobe, en adornos de jade y piedras preciosas.

Mictlán

Quiere pasar por el Mictlán, para comprobar que allí se encuentran sus amigos, los que fueron plasmados en los códices y luego por su pluma, y departir el pan y el vino. Ya me imagino la cara de asombro que ha de tener al observar el Chicomóztoc y ver salir, de esas hermosas cuevas, a los primigenios. El maestro ha de andar como un alegre escuincle, caminando maravillado por las antiguas pisadas.

Chicomóztoc

Ha de tener entre sus manos una libreta, anotando sus nuevos descubrimientos, corroborando que muchos datos publicados de su autoría son reales; también está corrigiendo algunos que pudieran tener ciertos errores. En pocas palabras, está disfrutando de ese obligado paso, con el mayor de los asombros.

Al final hay que comprender que a sus 93 años, ya merecía un merecido descanso y dejar, en sus colegas más jóvenes, la continuación de sus investigaciones, escribiendo (y reescribiendo) la historia de un pueblo colmado de muchas herencias pero también con muchas confusiones interiores que nos ha llevado a tener más pesares por tener una memoria de corto plazo.

Ahora su legado se convierte en leyenda y no queda más que honrarlo con homenajes, pero más con la preservación de su esfuerzo académico, que nos ha dado identidad y en un encomiable deseo, dar orden a ese caos que es nuestra múltiple idiosincrasia.

No dejen de leer sus libros, o en su caso, releer esas ediciones que nos sorprendieron, y abrieron un panorama más amplio, como el famoso «La visión de los vencidos» o «Hernán Cortés y la mar del sur», y más publicaciones que ya son parte de la posteridad nacional e internacional.

Por eso digo, no tiene caso hablar de sus 25 doctorados Honoris Causa, por lo que de el maestro León – Portilla habla su raza, habla su espíritu…

Descanse en paz…

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