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Conociendo el Cerro Cabezón, Tlatlauquitepec

Y no, no es albur, fue una aventura para conocer un poco más de los Pueblos Mágicos de Puebla, México.

Hemos decidido salir de la zona de confort, como dice un “reputado” técnico de panbol, e irnos a dar la vuelta a uno de los pueblos mágicos del estado de Puebla, Tlatlauquitepec y así tratar de descubrir zonas desconocidas para nuestro entender. Y no, no nos arrepentimos por realizar senderismo y realizar actividades que ayudan al estado físico, en todos sus sentidos.

Por si no saben, y quizás sea un dato intrascendente para todos, pero debo de mencionar para describir el camino hacia este bello pueblo, quien escribe (o manipula desastrosamente la lap), vive en la ciudad de Puebla. Y para ser más exactos, por el suroeste de la urbe poblana.

Con estos datos, tomamos rumbo hacia los lares de Amalucan, para enfilarnos hacia la autopista que lleva a Teziutlán, obviamente hay que pasar por dos casetas de cobro, denominadas Amozoc, las que están en un promedio de 85 pesos. Se llega a un cruce de 4 caminos, el cual está muy bien identificado y allí mismo se indica, de manera clara, que carretera tomar hacia Tlatlauquitepec.

Llegando a la Tirolesa

Dicho lo anterior, de manera sucinta, vayamos al punto del viaje. El Cerro el Cabezón es una zona boscosa y, contrario a lo que se pueda pensar, es de fácil acceso. Los vehículos pueden llegar de manera cómoda hasta un área de descanso, donde se hallan atractivos para quienes gustan de la adrenalina: una tirolesa de una medida respetuosa, son unos 100 – 150 metros de longitud. Debajo de ésta, hay un puente colgante, donde puedes admirar un cañón que tiene una profundidad que impone, al menos para su servidor.

Los viejos viéndonos llegar

La vista es hermosa, y no solo en lo que ya se describió, también hay un ascenso a la punta, donde hay un monumento cristiano y éste, domina toda la extensión. Desde ese mirador, se observa Tlatlauquitepec en todo su esplendor y para reforzar la belleza, con paciencia, vemos cómo va bajando la neblina, cubriendo el valle con su magnífico manto blanco.

Puente colgante

Regresando al entretenimiento, probamos la tirolesa, la cual es segura y cruzas de manera rápida, y como ya deben de saber, puedes hacer tomas panorámicas con tú teléfono o cámara, sin olvidar las famosas selfies, esas que casi nadie se hace. El viaje, te lo dan de ida y vuelta; al terminar el mismo, la compañía que arrenda estos servicios te hace bajar unos metros, con toda la seguridad que se requiere, para tomar el puente y hacer la travesía.

El mismo está hecho de tablas de madera en su piso, pero está plenamente reforzado con cable de acero en sus laterales y uno de ellos sirve para que te enganches, y puedas andar con pasos seguros en uno de las vistas más hermosas de esa zona. También hay que recordar, que, quienes manejan estos paseos, son profesionales, te atienden de manera amable, teniendo su equipo en excelentes condiciones, agregando que, sus precios son bastante accesibles. Les recomendamos que paguen los dos por 100 pesos, ya que la tirolesa por sí sola cuesta 80 devaluados, así que mejor pongan el extra y se van a divertir chingonamente.

Cruzando a la otra orilla

Como añadido, podemos decir que hay otros grupos que dan las mismas aventuras y están un poco más arriba del cerro, en un camino lateral, en éste puedes ver lonas donde se indica el paso y por lo que leímos, las extensiones y profundidad son más grandes. Para ser sinceros, no fuimos más allá, para comprobar lo que se promueve. Algo que se me estaba olvidando, hay seguridad pública todo el tiempo, así que no se preocupen por sufrir algún susto con la delincuencia. Por lo regular hay dos patrullas municipales, atentas a que no haya desmanes por parte de quienes suben a gozar.

Saludando a la cámara

Después de soltar un poco la adrenalina, decidimos ir al Pueblo Mágico y gozar de una buena comida en el mercado de la localidad, y de verdad, créanme que hay variedad para todos, incluyendo a los que gustan de saborear otras alternativas a lo típico que lleva proteína y grasa. La gente es muy amable y amistosa, además que todo lo que te ofertan, es delicioso. Los olores inundan todos los puestos, lo que hace que empieces a salivar sin cesar. Los gritos y las risas de los dependientes te ayudan a complementar la experiencia culinaria y sales totalmente satisfecho con la gula que ha penetrado en todos los sentidos.

Ya con el tanque lleno, necesitábamos de unos degustativos y Tlatlauquitepec se presta para ello. Para eso hay que dirigirnos al zócalo y buscar las pequeñas fábricas que son fáciles de hallar, sólo hay que ver las conglomeraciones de turistas en las entradas, buscar en sus manos los vasitos blancos, característicos entre quienes dan los probetes de sus productos ¡y voilá!, han encontrado los manantiales de ricos licores de frutas y un clásico de esas serranías, pero que muchos anhelamos, el inigualable Yolixpa.  

Para ser más precisos, nos decantamos por ir a un sitio que tiene su manta de ubicación en la entrada de un portón, te deslizas unos metros más hacia abajo y  topas con una enorme prensa de frutas con aires de antigua; pasos más adelante, das con una acogedora habitación, donde hay una tertulia de personas locales y otros más que son fuereños, como nosotros, compartiendo el vino. Y es que allí puedes comprar una botella, departir con tus amigos o familiares con un ambiente cordial y, valga la redundancia, familiar. Los precios son demasiados accesibles, la variedad de sabores también. Ya hay de nuez, coco, anís, grosella, piña, cacao, uva, manzana, Yolixpa, cacahuate y más, mucho más. ¡Entre probete y probete, ya se estaba armando la fiesta!

Por cierto, para complementar el nombre del descrito establecimiento es El Siglo XX, donde las sonrisas nunca faltan, así como los buenos tratos de quienes están detrás de la barra sirviendo las bebidas.

Para rematar y no dejar que se nos treparan los efluvios emanados de las frutas fermentadas, fuimos por unos tlacoyos, otra especialidad de las cocineras del rumbo, para así ir botaneando en el viaje de regreso.

Así las cosas mis estimados ocios@s, les recomendamos ir a esos mágicos lugares, donde lo más caro es, si vas en vehículo particular, la gasolina. La comida, aventura y bebida, son de cantidades módicas y no es necesario llevar la papeliza de moneda. En serio, lo garantizo

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